viernes, 15 de septiembre de 2017

 

Franco murió en 1975 y esta democracia no es su régimen

 

Mi único recuerdo del dictador y de su dictadura es sólo uno. De la dictadura poco puedo afirmar, era un niño pequeño; de su muerte puedo dar fe porque recuerdo con toda nitidez estar a la puerta del colegio, estaba cercano a casa y mis mayores ya me dejaban ir solo...

Recuerdo que me sentí extraño porque no había el habitual gentío de escolares esperando a que abrieran la verja algunos acompañados de familiares. Sabía que pasaba algo porque la noche la pude pasar viendo Objetivo Birmania en horas ya tardes para un pequeño escolar, y recuerdo a mi abuelo también pegado al televisor aquella noche ignorante yo de que pasaba algo importante y que marcaría mi futuro...
Estaba en esas de extrañeza cuando me acerqué al aledaño kiosko donde compraba lo que ahora llaman chcuches y, sólo debo concentrarme un poco, veo la portada de aquel periódico colgado en el exterior del kiosko con la foto del dictador ocupando toda la portada y el titular: FRANCO HA MUERTO.
La vida siguió y volvimos a la normalidad del colegio, no recuerdo cuántos días después de la muerte del dictador. Las carreras delante de los grises, el destape, las primeras votaciones democráticas para elegir representantes, los asesinatos de Atocha, las tertulias en La Clave que veía porque luego echaban película, todo ello forma parte de mis recuerdos pero colaterales, sin que nunca perturbaran mi inocencia infantil y sin que los adultos la interrumpieran hablando de la política de entonces que trabajaban por crear una democracia que yo y mi generación hemos disfrutado plenamente. El único recuerdo que mantengo de la política entonces sólo se remite a mi abuelo al que escuché varias veces, pero sin recordar las fechas, que había que votar al PSOE...
Dicen los jóvenes metidos a política y mantenedores del mito de la II República, que todos aquellos recuerdos son falsos, que Franco es cadáver pero que esto no es una democracia, que es un régimen heredero del franquismo y como tal deslegetimado y que todo lo que he vivido hasta ahora es falso, que no es democracia...
La ignorancia es atrevida y la juventud es osada, no les reprocho que sean tan fanáticos que no lo ven o que incluyan a las generaciones de mis abuelos y de mis padres como franquistas sin saberlo porque votaron en las votaciones para aprobar la Constitución, que participaron en las citas electorales y que trabajaron para que mi mundo no fuera tan gris, intolerante e inquisidor como el mundo que a ellos les tocó vivir. Se equivocan estos nuevos defensores de la utopía en etiquetar, catalogar y reprochar...
Puedo entender que el recuerdo de la Guerra Civil sea doloroso en sus familias pero no concibo que estando preparados como están y con las oportunidades que disfrutan acusen a mi generación de franquistas y nuestra democracia de régimen franquista.
España puede ser cualquier cosa que queramos ver, pero somos una democracia donde nos inculcaron respeto y cuidado de la diversidad que formamos y nadie está en condiciones de afirmar y querer hacer ver que es mentira, la prueba es que ellos dicen y hacen al igual que yo y nos ampara la Constitución, máxima norma democrática.
El resto es política interesada para mantenerse en el poder, y eso sí que no es democracia.
Antón Rendueles

lunes, 7 de agosto de 2017

 

OLIMPIADAS DE BARCELONA 92

 

No creo que La Transición fuera tan breve como dicen los libros de historia, lo he comentado en anteriores artículos; yo diría que estuvo marcada por distintos hitos hasta hace bien poco con la derrota de ETA. Dentro de esos hitos hubo dos significativos en el ámbito deportivo: Mundial 82 y Barcelona 92...

El Mundial fue el escaparate al mundo tras el fin de la dictadura franquista y su régimen. Pese al fiasco deportivo que cortó de cuajo recuperar la bandera sin connotaciones franquistas por parte de la ciudadanía, como felizmente sucedió al ganar el Mundial de Sudáfrica veintiocho años después, organizativamente fue un éxito así como el Mundial Cultural paralelo al futbolero. Sin embargo era casi un esfuerzo ver el evento como algo propio de un sentir en comunión democrático en la población...
La Olimpiada de Barcelona en 1992 sí fue una comunión en el sentido de que era la democracia desde su inicio quien trabajó porque Barcelona fuera sede, además, como era el evento universal por antonomasia, los partidos nacionalistas catalanes no ponían el grito en el cielo por ver la bandera española, a fin de cuentas un tumulto de banderas permite que nadie se ofenda...
Recuerdo el plan A.D.O.; recuerdo el Seat Ibiza y el movimiento olímpico que junto a Miguel de La Cuadra Salcedo y sus rutas por el periplo de lo que fue el imperio español en el Nuevo Mundo inoculaban en mentes infantiles y jóvenes la riqueza de nuestra diversidad tanto como colectivo en patria común como desde un sentido etnográfico. Las Olimpiadas en Barcelona era el grito de alegría de vivir de una nación y sus naciones, antes reinos que otra cosa.
Reconozco que me cuesta reconocer en las noticias, en los debates y en los métodos de coacción totalitaria revestida de secesionismo aquella Barcelona universal, en constante evolución y antorcha de progreso y modernidad que llega a renegar de quienes hacen grandes a una ciudad: sus visitantes vacacionales o como gusta de llamar el sistema, turistas.
Me alivia que aquellos jóvenes voluntarios olímpicos sean ahora adultos y sepan ver sin connotaciones políticas una bandera que deportistas de todos los lugares del reino pasean orgullosos de triunfo y de sentir que ese trapo con franjas de colores es el respaldo de los aficionados. Aquel voluntariado formó y forjó pilares que no sé cuánto perdurarán en el tiempo pero que a día de hoy son realidad: el espíritu de no cerrar las puertas a lo extranjero y sí conocer a nuestros semejantes, de trabajar sin recompensa monetaria por cosas que nos identifican a la par que nos benefician a todos y tener una mente abierta que sólo el contacto con otras culturas y su realidad logra hacer posible...
Mi generación estaba orgullosa como sólo la inocencia infantil puede estarlo de aquella bandera que representaba a nuestra selección, pero la del voluntariado olímpico y lo que la Olimpiada en sí significó, fue, es y será siempre suya, siendo de todos, pero suya.
Pero a veces pienso que mientras España cogió aquel tren que pasó durante dos semanas de verano, Cataluña y una parte de su clase política nunca han pasado del Mundial 82...
Ojalá esté equivocado.
Antón Rendueles

viernes, 14 de julio de 2017

 

Ejecución de un ciudadano

 

Se han cumplido dos décadas de la ejecución y asesinato de tiro en la nuca del ciudadano Miguel Ángel Blanco y puede que haya alguna mente pensante que su asesinato a manos de un comando de ETA en 1997 queda ya fuera de la Transición, pero teniendo en cuenta que ETA era un asunto pendiente de la dictadura franquista creo y puedo catalogar los hechos como dentro de la Transición.

Aquella triste jornada y las horas de cautiverio antes de su asesinato y ejecución sirvió para que una parte de la ciudadanía silenciosa de toda España y sobre todo del País Vasco se unió en catarsis para decir basta ya. No fue esta muerte gratuita el fin del terrorismo etarra pero sí el principio del final. Miguel Ángel Blanco éramos todos y todas y por tanto objetivos de una ETA ya condenada a la inanición internacional y el colapso interno. El llamado Movimiento de Liberación Vasco, concepto político caduco y obsoleto desde 1989, se quitó su máscara cívica de apariencia e intenciones y quiso poner en jake al Estado mediante el vil y cobarde ajusticiamiento de un inocente, de un ciudadano...
Veinte años después ETA trata de tener un fin honorable, incluyendo apoyos internacionales y puestas en escena que para quienes vivimos la ejecución de Miguel Ángel Blanco resultan macabras y casi obscenas a la dignidad, un último estertor de la banda terrorista cuyos herederos cívicos y políticos dentro del juego democrático han de ser aceptados en el tablero de juego, generosidad democrática una vez más. Cuando siento rabia y odio cada mes de julio al recordar al concejal quiero pensar que él hubiera trabajado por la paz y la concordia, con generosidad que no tuvieron con él sus asesinos al ver que las demandas imposibles que reclamaban eran imposibles de verse cumplidas, pero eso ya lo sabían desde el mismo momento de plantearlas...
Es un artículo corto, un corto pero sentido homenaje a su memoria y a la memoria de aquellos años de muertes inesperadas en cualquier momento, un artículo corto como corta fue su vida arrebatada prematuramente en nombre de una ideología, vacía y falsa como todas con el paso del tiempo.
Antón Rendueles

martes, 20 de junio de 2017

 

Último día de clase

 

Mi ventana tiene vistas a un centro escolar, lo que antes se llamaba párvulos y me resulta inevitable meditar sobre el tiempo pasado que gracias a mi ventana el mismo no transcurre, al menos mientras observo el patio de recreo con infancia correteando, curso tras curso sin que la infancia se vaya...

Reconozco que me alivia y ahora que comienzan las vacaciones escolares de verano, observo como corretean con sus adultos disfrutando de la jornada, otra cosa son los zangolotinos del instituto ya poco infantiles, al menos me da que no se ven así aunque jueguen a tontear sentados en la zona de juegos del minúsculo parque público aledaño a la escuela. Resulta inevitable el salto en el tiempo y recordar días como hoy, cuando el tiempo parecía ser eterno en época escolar y fugaz en el periodo vacacional, tardes de cine, de lectura y de viajes. Nuestros mayores nos hicieron gozar de esa magia que tienen hasta cierta edad los días de verano. No lo añoro, es un ejercicio inútil y doloroso hacerlo porque no volverá pero es agradable sentir la brisa de los buenos recuerdos y estoy agradecido a mis adultos...
Por entonces no me apesadumbraba el tiempo y su transcurrir, no contaba las semanas o las estaciones y medía por lapsos de exámenes, vacaciones navideñas, de semanas santas y de santas semanas con festivos salpicando el calendario. Me pasó siempre tan rápido que no guardo especial recuerdo de un día de fin de curso en especial salvo el del último verano que me tocó recuperar matemáticas y la primera vez que conscientemente sentí el filo de la espada sobre mi nuca, tal vez porque suspender significaba retrasar el instituto y me resultaba inconcebible...
Yo envejezco curso tras curso pero desde mi ventana veo un colegio por donde no transcurre el tiempo porque es infancia sin rostro, parecen hormiguitas y siempre me pregunto qué serán el día de mañana...
Creo que les echaré de menos, como todos los veranos en que me asomo a la ventana y no les veo.
Antón Rendueles

sábado, 27 de mayo de 2017

 

OBITUARIO

Por Antón Rendueles
 
ROGER MOORE,
actor e intérprete del personaje James Bond 007
 
Nos ha dejado días atrás otro icono de la cultura popular, una imagen asociada en varias generaciones al mítico personaje James Bond 007 que ha dado lugar a una saga, la primera bajo los cánones actuales, que perdura en el tiempo y que siempre crea cierta polémica cuando se cambia al actor que lo interpreta. Pero mis recuerdos sobre él me llevan al amor que mi madre me transmitió por el cine, también mi padre, pero Roger Moore gustaba a las madres, era un seductor y en aquella España que se asomaba a la etapa final de la dictadura las películas de 007 eran para mayores de dieciocho años, atrevidas sus escenas de alcoba y a la vez el primer cómic llevado a la pantalla y fiel al personaje.
Es curiosa la memoria y no puedo hablar de sus otros trabajos, para mí siempre ha sido el agente del servicio secreto al servicio de Su Majestad, distinto pero no tan diferente de las pautas que sembró Sean Connery aunque Roger Moore nunca renegó de un personaje. Él ya era popular de trabajos anteriores pero mis recuerdos no los abarcan. Se entregó en su interpretación al mismo de tal manera que en aquella sobre una plataforma en el Mar del Norte donde rescata a los rehenes, era inevitable la comparación y decidí mantener esa fascinación que despertó en mi infancia, con la llegada del vídeo doméstico alquilar las películas de la saga era inevitable y recuerdo como mi madre sucumbía siempre a la admiración. Es cierto que la saga de la época de los 60´s y 70´s ha envejecido mal, resulta algo grotesco verle con pantalones de pata de elefante en La espía que me amó y siendo adolescentes nos echamos unas risas en el cine con Panorama para matar, creo que así se titula, cuando salta al río y se le ve la faja que le ocultaba las lorzas, pero seguía siendo 007.
Queda su recuerdo y sus películas, quedamos nosotros los espectadores aunque el polvo del tiempo acabe siempre posándose tapando los matices...
Descanse en paz.
Antón Rendueles

jueves, 11 de mayo de 2017

 

"Memorias de la Transición"

 

Violencia de género

 

Ahora se denomina violencia de género y resulta desmoralizador que siga ocurriendo, que todos los días los noticiarios en algún lugar del mundo consumista tengan que informar de la muerte de una mujer a manos de quien una vez la enamoró...

No recuerdo si el dictador había ya fallecido pero fue entre 1975 y 1976, incluso puede que 1974 porque mi recuerdo se torna un visor, un holograma donde la perspectiva, la distancia y el ángulo de visión son las de un niño, aquel al que la vecina de la puerta de enfrente regalaba un pastelito y que en ocasiones subía a cobrar los recibos de la comunidad y subir hasta el quinto y último piso era casi una aventura sólo superada por subir al último piso en ascensor en casa de mis abuelos. Vuelvo a subir las escaleras y es como si mis piernas volvieran a la vida, etéreo en la memoria...
Hoy leyendo el periódico y un suceso más de violencia de género me acordé de ella, la recuerdo joven y hermosa, al menos en mi mente infantil ha quedado el recuerdo de verla hermosa y seguramente era ese halo en la tristeza de la mirada de una mujer maltratada que hace vida normal de puertas afuera aún sabiendo que sabíamos de las palizas, los gritos y las broncas de su marido. Eran una pareja joven pero él era un sarnoso hijo de perra y recuerdo a mi madre golpear el techo con la escoba, recuerdo a la joven hablar con mi madre en la escalera y apagándose el recuerdo puedo verla llorar. Nunca supe más de ellos, se fueron y el piso fue vendido y todo quedó empañado por nuevos recuerdos y el despertar a la vida, pero hoy, no sé porqué, su recuerdo ha brotado y reconozco que siento tristeza y veo el pensamiento de aquel niño que por instinto captaba sin comprender una anomalía, una perturbación de su felicidad infantil que le proporcionaban sus adultos...
Eran otros tiempos, tiempos de machismo inherente al matrimonio, de amas de casa abnegadas y de jóvenes que vivieron un infierno de puertas para adentro y no tan jóvenes, permitido y amparado por los estamentos y donde ir a una comisaría a denunciar que tu marido te pega era una profanación de los más hondos pilares de la sociedad surgida tras la Guerra Civil...
También me tocó la violencia de género pero en sentido contrario y siempre me hizo gracia aunque no comprendiera en ese momento que la violencia en una pareja también se manifiesta de ella a él. Vivían en el siguiente portal pero las terrazas del patio de luces eran contiguas sólo separadas por una reja de baja altura. Ponía al marido como trapo a grito pelado logrando que toda la vecindad de ventanas y patios nos enterásemos de lo inútil, de lo inútilmente inútil que era su marido, compartiendo sus amenazas de meterle una hostia...
Recuerdos de la infancia salpicados de sufrimientos ajenos, machismo y violencia doméstica siempre hubo, son tantos los casos de maltrato, abusos sexuales y trato denigrante a las mujeres que hacen perder la fe en el sueño consumista de la democracia, sin saber en qué se falla aunque sepamos que es un problema de educación, pero estamos tan lejos de esa uniformidad que nos venden de ciudadanía concienciada en el ecologismo, el amor a los animales, a la vida sana y de respeto mutuo con intervenciones para implantar la democracia y los derechos humanos que suena a farsa...
Pero aún así, nuestros mayores entonces lograron cambiar la sociedad y es nuestro deber mantener y extender ese legado pese a quien afirme que la Transición fue un error porque olvida a todas las vecinas del segundo piso que viven un infierno de puertas para adentro y no se dan cuenta de que disfrutan de un legado que no es propiedad de nadie sino de todos y todas, los que nos antecedieron y los que nos sucederán para que, aunque injusto, su mundo sea un poco mejor como lo es ahora comparado con antes...
Ley de vida.
Antón Rendueles

lunes, 27 de marzo de 2017

 

Unión Europea

 

Observo con temor como la candidata francesa Le Pen anuncia ante sus fans, son tesis demasiado extremistas y caducas desde que fueron derrotadas en 1945 aunque en España sufrimos un estertor durante cuarenta años más, que de alzarse con la victoria en las urnas sacará a Francia de la Unión Europea. Digo sufrimos pensando en colectivo de patria, aunque no se sientan tal todas las patrias ibéricas conformadas más por la orografía que por inercias políticas inmemoriales..

Pero quienes vivimos la entrada en Europa en 1986, y sobre todo quienes éramos jóvenes, la dictadura parecía haber ocurrido en un tiempo lejano, la lejanía fugaz de la infancia, y la Transición estaba superada, hemos tenido que envejecer para percatarnos de que acabó con el reinado de D. Juan Carlos I, del que ahora destapan las vergüenzas de humano poderoso pero cuyo reinado ha sido inmejorable teniendo en cuenta las circunstancias que tuvo que afrontar...
La llamada Movida, el acceso al consumismo dirigido al ocio y una cada vez más globalización a este lado del Telón de Acero, nos hacían sentirnos parte de la Era. No teníamos complejos como tuvieron nuestros mayores en comparación al resto de Europa y la sociedad de entonces logró que no tuviéramos traumas proporcionados por sentirnos atrasados y catetos...
Yo recuerdo la firma en 1985 porque se utilizó una valiosa mesa, por el camino una brutal reconversión industrial, miles de parados y el fin de las subvenciones industriales preparando privatizaciones que serían postraumáticas para toda la región y España en general...
Pero llegó el 1 de enero de 1986 quedando en la memoria grabado a fuego el IVA y la humorada de Martes y Trece parodiando a Encarna Sánchez y el letrero del IVA detrás medio descolgado...
Es curioso, al menos me lo parece observando la realidad desde la postración en una silla de ruedas, que sean Francia y Reino Unido, vencedores sobre los fascismos europeos, quienes sesenta años después enarbolen banderas y tesis que son todo lo contrario de lo que siempre quisimos, nos vendieron o simplemente quisimos creer, que fuera la Unión Europea...
Yo debo estar a favor de la UE por la sencilla y egoísta razón de que en el sistema que aspira a crear la señora Le Pen yo sería considerado un subhombre, una carga para el Estado, prescindible por medidas legislativas y creo que sobran argumentos.
Ya ocurrió...
Antón Rendueles

 

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jueves, 9 de marzo de 2017

 

Huelgas de estudiantes

 

Veo en las noticias que los colegios e institutos hacen huelga por una ley de educación o algo así. Por otra parte el día es de verano pese a ser sólo marzo, la ciudad tiene una luz especial y, asomado a la ventana, vuelvo a caminar por las calles y recuerdo los tiempos de instituto. Eran tiempos de reconversión industrial y la región y la propia ciudad sufrían la hemorragia de pérdida de puestos de trabajo y entre algaradas y manifestaciones la onda expansiva llegó a las aulas...

Era salir de la rutina y nos sumamos con algarabía ocupando aceras y calles. Las furgonetas policiales se hacían ver al igual que la cara de hastío de los antidisturbios ante aquella jauría de adolescentes que no hacíamos más que estorbar. En una de esas manifestaciones un joyero se puso nervioso en su coche y disparó su arma con la fatal consecuencia de que mató a un estudiante.
No recuerdo su nombre, ni siquiera le conocía pero al día siguiente todos los estudiantes de instituto de la ciudad acudimos al funeral. Era joven y la muerte aún era algo circunstancial como mi experiencia vital y al poco tiempo ya lo había olvidado y todo aquello quedó enterrado en la memoria hasta hoy que me he asomado a la ventana y escuchado en las noticias que había huelga de estudiantes.
Maniobro con la silla por el salón y me sirvo una cerveza mientras miro la vieja enciclopedia de consulta que utilizaba en aquellos tiempos, miro las fotos de mis muertos y suspiro para mis adentros mientras me consuelo con la luz del sol que se filtra insolente por las cortinas y al igual que entonces, los pensamientos lúgubres se desvanecen ante la promesa de un verano que marcaría un antes y un después, un ahora que es mañana y fue ayer...
Antón Rendueles

 

 

lunes, 23 de enero de 2017

 

"Memorias de la Transición", por Antón Rendueles

 

MI PRIMER PRESIDENTE

 

He visto días atrás la ceremonia de investidura del nuevo presidente de EEUU, el señor Donald Trump, y no he podido evitar recordar, echando la mirada al pasado, el primer presidente de mis entendederas: Jimmy Carter.

Pero mis recuerdos son difusos y me resulta difícil distinguir los reales o las ensoñaciones derivadas de los residuos de los mismos, pero recuerdo entre escenas televisivas de la revolución iraní, imágenes de la lanzadera espacial y a mi abuela cantando, siempre cantaba en aquellos tiempos, abnegada pero no resignada en que sus nietos fueran felices en la infancia. Hace ya tiempo que no está pero ahora, recordando, sigue cantando mientras faena en la casa y prepara la comida y vuelvo a ver las dimensiones como cuando era niño...
Al final el presidente Carter, tal vez con conceptos demasiado avanzados y secundarios en el contexto de su presidencia en plena Guerra Fría, ha terminado asociado a mi recuerdo con la imagen de un cacahuete, no es que hable de coña, pero ahí está. Luego vino Ronald Reagan y los recuerdos televisivos son en color con la guerra de Salvador de fondo, el Frente Sandinista, la invasión de Afganistán por parte de la URSS, el sonido tecno que asomaba a la sociedad de consumo...
He leído y escuchado de casi todo referente al nuevo presidente, asisto con temor atávico de quien gusta de la historia como el populismo inherente a toda época de crisis económica vuelve ataviado de ropajes nazis y fascistas y recuerdo a mi abuela compartiendo sus recuerdos de niñez donde con su hermano, cogidos de la mano de su madre, corrían mientras sonaban las sirenas de alerta y los disparos, es lo que recordaba con nitidez y siempre lo recordó durante su vida, tal vez por eso veo la guerra con temor infantil, la sabiduría del adulto que sabe que la guerra es sólo muerte y destrucción, miedo de que si las tesis xenófobas y racistas volvieran a imponerse en la democracia la juventud y los adultos estén dispuestos a sacrificar su bienestar por defender la misma o entregarían el bagaje solicitado por los nuevos y nuevas mesías políticos, mirando para otro lado cuando las leyes fueran cambiadas, cuando las leyes básicas de la democracia fueran alteradas o sustituidas por leyes totalitaristas y nacionalistas, cuando vinieran a mi casa y por ser minusválido fuera internado porque soy un subhombre y no merezco vivir por ser una carga para el Estado...
¿Harán algo o cambiarán la libertad por la seguridad del consumismo y bienestar a base de llevar la guerra a otros países, a que se maten otros en lugar de nosotros?
Los políticos que, sin serlo, alcanzan el poder como Donald Trump, poco importa que por errores propios de sus rivales, tienen dos caminos: el fracaso en formas de algaradas que pongan nerviosos a quienes le apoyaron y le maten o sencillamente le defenestren, o que por las circunstancias y algo de suerte que siempre acompaña a estos tipos logre mantener a la plebe contenta mientras se impone una estética de propaganda imperial...
No quiero pensar que la república estadounidense ha dado ya el paso a ser un ente imperial, me niego a que la humanidad se sumerja de nuevo en una de esas oscuras etapas históricas que si bien logran desarrollar la tecnología es a cambio de millones de almas inmoladas en nombre de la falsa democracia...
Pero mi primer presidente fue Jimmy Carter y supongo que lo hizo bien porque nunca estalló una guerra nuclear y aquellos niños de entonces tuvimos una infancia sin tristezas ni traumas demasiado severos y ahora somos adultos...
Si ahora fuera de nuevo aquel niño que mira a su abuela faenar, tendría tanto que contarle, que preguntarle, pero entonces, como entonces, antes de abrir la boca, la escucharía cantar una canción de Antonio Machín...
Antón Rendueles

 

jueves, 29 de diciembre de 2016

 

OBITUARIO

 

CORO DEL EJÉRCITO ROJO

He de confesar que nunca he asistido y ni siquiera escuchado a una actuación o una audición de los Coros del Ejército Rojo, otro teclado será quien loe sus méritos, alabe su calidad técnica y añore sus interpretaciones. Mi relación y conocimiento del coro viene de la Guerra Fría donde hacía honor a su nombre ya que en la psique de Occidente, y que nos inculcaban subliminalmente desde parvularios, sus integrantes eran la vanguardia, cultural pero vanguardia, del ejército al que pertenecían, a esa sombra de poder militar y nuclear que la URSS ejercía sobre Europa...

El coro permanecerá aunque el fallecimiento trágico en accidente aéreo de sus componentes marcará un antes y un después en el imaginario colectivo, como si la muerte coral fuera la última actuación de un genuino representante de la antigua URSS. Porque de alguna manera era necesario el sacrificio colectivo del conjunto para que pueda decirse que hubo un coro de la época de la superpotencia y un después en que hay un patrimonio de la ciudadanía rusa y de Rusia como nación...
Descansen en paz sus componentes y descanse en paz otro de los escasos restos aún en pie de una leyenda, ya, que es el mundo de la Guerra Fría y la extinta URSS.
Antón Rendueles

 

 

lunes, 28 de noviembre de 2016

 

OBITUARIO

 

FIDEL CASTRO, dictador comunista cubano

 

El fallecimiento de Fidel Castro y su funeral va a suponer asistir en plena era digital a un viaje en el tiempo para asistir al último rescoldo de la Guerra Fría que seguía vigente. Contra todo pronóstico, el dictador y su dictadura lograron sobrevivir al colapso de la URSS y el efecto dominó sobre las naciones bajo su influencia. China ya no es aquella de la Guerra Fría y Corea del Norte supone una aberración del comunismo con cargos hereditarios en la jefatura, una mezclá de sangre azul y culto al líder, pero no modelo soviético ya en ambos países.

Comienzo así esta reseña porque Fidel ya era el Comandante de la revolución cuando vine a este mundo. Su imagen era Cuba aunque a medida que fui creciendo y leyendo sobre aquella mítica revolución cubana cada vez quedaba más claro y evidente que sólo era un dictador que no dudaba en eliminar adversarios y luego mitificarlos...
Postrado en la silla de ruedas, la televisión por cable me permite viajar por el mundo aunque siempre consciente de que la lente televisiva emite una imagen distorsionada de las cosas que precisa procesar la información desde otros ángulos, en mi caso prensa escrita y radio. Si se despoja de propaganda la imagen de Cuba lo que queda es un país que ha pagado caro enfrentarse a la potencia que es EEUU en esa relación de amor y odio que mantienen desde 1898 donde los cubanos luchaban por su independencia de la metrópoli y los EEUU les apoyaban como parte de su expansión continental siguiendo la doctrina del presiente Monroe...
Resulta triste ver que la imagen final es la de una ciudadanía en aquellos paraísos soviéticos adoctrinada en una utopía que el régimen cubano ha legado como una aberración de la teoría llevada a la práctica, donde los presentadores de la televisión cubana lloran emocionados y las frases de Castro se memorizan, estudian y sacan conclusiones delirantes salvo para quienes viven en el gulag de la llamada democracia socialista, sin alternativa y sin esperanza; un mundo perdido que hoy comenzará a difuminarse cuando el último icono celebre su funeral.
Fidel Castro fue un producto de su tiempo, traicionó su revolución desde el mismo momento en que se puso en brazos de la URSS dejando un país que tiene el reloj, no atrasado, retrasado...
Le deseo que descanse en paz aunque no puedo evitar pensar que estuvo a punto de provocar una guerra mundial atómica y que yo no hubiera venido a este mundo, nunca habría visto un amanecer, un atardecer, un primer beso, una primera dolorosa pérdida...
Descanse en paz.
 

jueves, 3 de noviembre de 2016

 

"Memorias de la Transición"

 

EL PÁJARO BLANCO

 

Cada vez me maravillo más de la mente humana, ahora que estoy postrado en una silla de ruedas me percato, soy consciente, de como mi mente de forma ajena a mi consciencia pero influyendo en ella, me hace caminar sin falta de piernas por escenarios grabados en mi memoria...

Hoy he salido a la calle, ya sé que me diréis, como me dice el terapeuta, que debo socializarme, salir al exterior, al asfalto...
Asumir que mis piernas están muertas, todo se reduce a eso, todo reducido al mero hecho de asumir y aceptar la silla de ruedas. Supongo que lo hago sin querer, un mecanismo de adaptación supongo...
El caso es que he salido al exterior, he viajado en autobús, una de esas ventajas de una sociedad refalfiada en el consumismo y su bienestar inherente: los autobuses de altura variable que se inclinan de lado y permiten subir la silla de ruedas por una rampa, incluso puedo abrochar un cinturón de seguridad, cosas comunes que se tiñen de integración y sólo te recuerda que eres una anomalía, un extraño entre extraños... Un minusválido, una máquina defectuosa con grado de minusvalía...
Hacía eones en mi memoria y casi un lustro en el calendario que no observaba la ciudad desde un autobús municipal. La ciudad ha cambiado, tal vez lo correcto sea mutado, no sé si a mejor o peor, supongo que simplemente cambia como cambian las personas que la habitan. La ruta pasa por la vieja estación de tren ahora convertida en museo. Pero en mi recuerdo es la Estación del Norte y estoy en el andén con mis mayores esperando el Pájaro Blanco que iba a Blimea...
Luego llegó la autovía y el viaje en coche sustituyó al tren. No recuerdo mucho, sólo que era de color aluminio, que llegaba a Blimea y que representaba algo que en mi inocencia infantil sólo llegaba a percibir como una sensación extraña por no encontrarle significado...
Vista desde la ventanilla del autobús municipal, anclado a su interior por el cinturón de seguridad que me recuerda lo vulnerable que soy en comparación al resto de usuarios que viajan conmigo, la vieja estación parece más pequeña de lo que la recuerdo en mi memoria...
Tal vez sea que yo era el pequeño, el canijo... Tal vez la ciudad ha crecido, lo intuye mi mente... tal vez sea que aún puedo sentir el ansia de ver partir el tren, su blanco aluminio exterior, el misterio de verle pasar y sin embargo no recuerdo su interior...
Me bajé en la parada y ya quería volver a casa...
Antón Rendueles

martes, 30 de agosto de 2016

 

OBITUARIO

 

GENE WILDER, actor

 

Siempre produce tristeza cuando una actriz o un actor nos dejan, pero tal vez, sólo tal vez, cuando se trata de quienes lograban arrancarnos una sonrisa o una carcajada con sus actuaciones, cuando logran que sus rostros queden grabados a fuego en la memoria y el recuerdo de sus escenas siempre es motivo de alegría, tal vez sea más dolorosa la sensación de ausencia aunque queden sus películas que se irán marchitando en el olvido a medida que los espectadores también dejemos este mundo...
En mi caso personal Gene Wilder está grabado a fuego en mi memoria por dos motivos. La película creo que se titulaba El Expreso de Chicago, una comedia que entonces era para adultos y menores acompañados y transcurría en un tren. Fue la primera vez que le vi actuar, no recuerdo a la chica protagonista y apenas logro vislumbrar con esfuerzo un rostro borroso que me hacen dudar entre nebulosos recuerdos de otras actrices. Yo iba acompañado de mi tía paterna y en una escena los protagonistas se besan apasionadamente y mi tía me tapó los ojos. Así que mi primer recuerdo de niño que dejaba de serlo en una película para adultos, cuando el mundo está rodeado de adultos y ansías crecer aunque ahora te arrepientes de tal ansiedad y que es sólo el paso del tiempo, está ligado a Gene Wilder...
Ya se encargan los eruditos de loar su trayectoria profesional con Mel Brooks, prefiero compartir mis recuerdos de ambos, de cola del cine un sábado por la tarde, de historias de comedia y el actor desplegando sus recursos, haciéndome reír y lograr esa magia del cine que te hace pararte en el tiempo que dura el metraje olvidando el mundo exterior. De comentar en el patio del colegio las escenas...
Cuando pude ver El jovencito Frankenstein mi admiración y devoción por Gene Wilder fue total ya para siempre. A la derecha de Peter Sellers en mi panteón particular, su actuación en el título citado es magistral, logra al igual que el Sellers en El guateque que la sonrisa no se vaya del rostro del espectador y un brote periódico de carcajadas pero por el humor que destila su actuación. Gestos, miradas, movimientos de cejas, de manos, todo al servicio del personaje...
Personalmente, en una obra menor, creo que logra sintetizar todo su arsenal de recursos y su mejor actuación en No me chilles que no te veo en coprotagonismo con un ya deteriorado Richard Pryor donde Gene Wilder interpreta magistralmente a un invidente y no puedo olvidar esa pequeña joyita, versión de una película francesa, que es La mujer de rojo aunque sólo sea porque todos nos enamoramos y deseamos a Kelly Lebrock que nunca volvió a estar tan hermosa en la pantalla...
Se ha ido un hombre que logró transmitir su humor, que hizo reír a toda una generación que crecimos en su compañía y sobre todo un actor que amaba su oficio y logró transmitir ese amor por el cine sin darnos cuenta hasta tiempo después...
Descanse en paz.
Antón Rendueles
 

 

jueves, 30 de junio de 2016

 

OBITUARIO

 

BUD SPENCER, actor de cine

 

Una de las consecuencias del inexorable paso del tiempo es la inevitable pérdida de seres que formaban parte del universo de la infancia pero que trascienden el lapso de la misma para acompañarte ya de adulto como es el caso de los actores de cine, de un actor de cine como era Bud Spencer.

Compañero inseparable en la mayoría de los casos de Terence Hill pero también estrella popular por sí mismo en papeles en solitario, a veces con historias menos blancas, grises de vida diaria en Nápoles y su violencia soterrada por el lumpen y los bajos fondos pero aún de comisario serio y película seria, transmitía a la cámara esa bondad, esa generosidad de que hacía gala en sus personajes, unas virtudes grabadas a fuego en las mentes infantiles y refugio de esperanza en los adultos de la época...
Bajo los parámetros de hoy en día donde prima la acción con sangre salpicada, rotura de huesos y mandíbulas sazonado todo ello con ráfagas de disparos que hacen saltar vísceras, puede que los mamporros que daba Bud Spencer en sus películas puedan ser tildados de incitación a la violencia, pero sabíamos que no era tal porque no era el mamporro lo importante, era la coreografía de los mismos y la veracidad que le daba el actor con gestos faciales, miradas y movimientos de los labios de los que era virtuoso. No importaba que película tras película los receptores de los mamporros fueran los mismos, se nos hicieron familiares y ya sabíamos de antemano sin disminuir el afán por ir a ver la película quién acababa recibiendo mamporros de una u otra manera: sujetándole Bud Spencer con una mano mientras repartía con la otra, quién iría por la espalda con un taco de billar o un madero que se rompía en sus espaldas para pasmo del agresor o repartir mamporros a dúo con su compañero Terence Hill...
Deben disculparme que me reitere en los mamporros como tales pero es que leyendo acerca de su fallecimiento leí en algún sitio que era protagonista del cine de mamporros, no lo era, él era el del cine de mamporros donde el director Steno aunaba comercialidad, rentable para los productores, con buen pulso narrativo y tramas que no eran ni simples ni enrevesadas, eran creíbles y aceptables plagadas de personajes familiares al espectador: aventureros, policías, mafiosos, retratos de otros personajes cinematográficos pero sin llegar a ser caricaturas.
Me gusta pensar que quienes disfrutamos en su momento de sus películas somos un poco mejores de adultos porque temas como la generosidad sin recompensa, el valor de la amistad e incluso la maldad utilizada como redención le hicieron un personaje universal, no infantiloide pero sí de inocencia casi infantil, un gigante bonachón que sólo sacaba sus puños por buenas causas a las que le empujaba su compañero pese a que de primeras los personajes de Bud Spencer parecen mercenarios, buscavidas que sólo miran por sí mismos y esperan el golpe que les saque de la miseria, galante con las mujeres, seductor a la cámara.
Otro que se ha ido, puedo cerrar los ojos y vuelvo a estar libre de la silla de ruedas y escucho a mi padre decir que están echando una del Bud Spencer y el Terence Hill y que si quería ir a verla y yo quería como quería él pero ya no me llevará porque ya no puedo caminar, porque mi padre ya no está y Bud Spencer no hará más películas de mamporros...
Descanse en paz.
Antón Rendueles

sábado, 4 de junio de 2016

 

OBITUARIO

 

CASSIUS CLAY, boxeador

El boxeo formó parte de mi infancia, al menos tengo recuerdos de ver a mi abuelo sentado en el sofá ante la pantalla en blanco y negro, me vienen a la memoria recordando ese instante de recuerdo los nombres de Urtain y Perico Fernández...

Y es que ha fallecido no un boxeador, el boxeador; sé que debería llamarle por su nombre de adopción, Muhammad Alí, pero en la retina de los contemporáneos que le vieron alcanzar la gloria pugilística será siempre el legendario Cassius Clay, en el Olimpo junto a Pelé por citar un ejemplo gráfico. Ambos no eran los mejores de la historia pero pasarán generaciones y seguirán siendo leyenda.
Cassius Clay fue un ciudadano de su tiempo en una sociedad estadounidense convulsa y en lucha por los derechos civiles de los afroamericanos que se estaban ganando su reconocimiento como iguales vertiendo su sangre en el sudeste asiático. Pero el activismo nunca les fue perdonado a él mismo, Jane Fonda o los atletas en la Olimpiada de México que escuchaban el himno estadounidense con el puño en alto reclamando el black power...
Sólo le he visto boxear a Cassius Clay en viejas cintas de vídeo porque aunque no te guste el boxeo en el sentido de ser aficionado y seguidor, ver a Cassius Clay es ver boxeo en estado puro, buscando la mandíbula, revisando las grabaciones donde se manifestaba ante los micrófonos antes de un combate. Cassius Clay forma parte del imaginario colectivo porque fue el primero de los boxeadores en percatarse del poder mediático de los medios de comunicación...
Otros escribirán con conocimiento de causa sobre su trayectoria, su implicación política y su degeneración hasta su muerte, pero por alguna extraña razón forma parte de mi vida, creo que de todos, pero sí al menos de la mía, porque vuelvo a la estancia donde mi abuelo ve la televisión en blanco y negro que retransmite una velada de boxeo y mientras escucho a mi abuelo describiéndome lo bien que lo hace Perico Fernández le pregunto interrumpiéndole que opina de Cassius Clay porque lo he visto en foto en algún sitio y me mira, para, tras un segundo de silencio, contestar: era el mejor.
Descanse en paz.
Antón Rendueles

sábado, 21 de mayo de 2016

 

OBITUARIO

 

MIGUEL DE LA QUADRA SALCEDO

periodista y divulgador

 

Nos ha dejado una de esas personas que tiene un significado especial para quienes crecimos en la Transición y, gracias a su faceta de divulgador, sembró la semilla en miles de mentes adolescentes y jóvenes de la pasión por la historia, del conocimiento mutuo entre distintas culturas y la hermandad de formar parte de un legado común a todos los habitantes del planeta Tierra.
Mi primer recuerdo suyo, debo bucear en la memoria profunda, me hace surgir un recuerdo difuso y poco nítido pero sí fuertemente impregnado de verle en blanco y negro, pero es un recuerdo que puede no ser tal y sí el afán de recordarle en su faceta de periodista como intrépido corresponsal de TVE, pero no lo recuerdo...
Si recuerdo, con la televisión ya en color, su protagonismo en un delirante concurso donde hacía de avatar de los concursantes viajando en helicóptero y encontrando pistas o pruebas de algo, la verdad es que del concurso recuerdo poco pero ya entonces era un profesional popular de carácter aventurero y que mereció, ahí está el catalizador del recuerdo de su imagen en el concurso, que Martes y 13 cuando eran un trío le parodiaron con un antológico número de humor donde Miguel era representado con un helicóptero de juguete en la cabeza...
Luego se preparaba el quinto centenario del descubrimiento del Nuevo Mundo por Cristóbal Colón y Miguel forjó un proyecto que trascendió el ámbito de la celebración, de ser una actividad más, para trascender el mismo logrando reconocimiento por su labor divulgativa, uno de esos programas culturales que casi nunca seguimos pero sabemos que está ahí, que aunque lo ignoremos siempre que llega una nueva edición y merece unos minutos en las noticias, nos sentimos reconfortados porque pese a los vaivenes de la rutina diaria sabemos con certeza, sabíamos, que Miguel de la Quadra Salcedo se encargaba de llevarlo a cabo.
Se nos ha ido un personaje familiar, una persona humana y profesional pero sobre todo un divulgador que aunque su obra perviva tras su muerte, nos hace sentir un escalofrío porque tenemos la intuición de que se acaba una era, una época, una etapa de nuestra vida donde algo de nosotros muere también. Ha muerto de enfermedad pero si hubiera sido por accidente las reacciones hubieran sido igual de sinceras y dolorosas como cuando un mes de marzo se nos fue, cuando éramos niños y adolescentes, ese otro divulgador que era Félix Rodríguez de la Fuente.
Sólo podemos estarle agradecidos por enseñarnos, por compartir su afán de aventura, su profesionalismo y su capacidad de hacernos soñar con él en sueños que se hacen realidad gracias a la constancia, el esfuerzo y el trabajo diario...

Descanse en paz.
 

Antón Rendueles

martes, 26 de abril de 2016

 

"CHERNOBYL", por Antón Rendueles

 

 

Me pide The Adversiter Chronicle que escriba sobre el accidente en la central nuclear de Chernóbil del que se cumplen ya treinta años. Lo cierto es que revisar titulares y ver vídeos de la ciudad aledaña es sumergirse en el tiempo, del tiempo que pudo haber terminado, de ciudades arrasadas por la radiación de un holocausto nuclear; sin embargo, sólo tres años después la espada de Damocles que se cernía sobre el planeta estaba rota por su parte soviética, que era decir el comunismo como vector de la revolución mundial del proletariado...
Resulta difícil transmitir a las generaciones posteriores a 1989 lo que significaba vivir la infancia, adolescencia y primera juventud en la Guerra Fría. En 1986 el mundo temblaba en Centroamérica donde guerrillas auspiciadas por la URSS combatían gobiernos crueles y déspotas apoyados por Estados Unidos. La Guerra de Vietnam era historia y el nuevo frente se libraba en Afganistán, sitios lejanos todos ellos para un joven español, ya europeo por estar en la Unión Europea y aún resonaba en nuestras cabezas el chiste de la croqueta de Martes y Trece...
La URSS era ese gran misterio de desfiles en la Plaza Roja con un nuevo dirigente que prometía un cambio de rumbo no sólo para su nación, para toda la Humanidad mientras su antagonista sacaba cinematográfico pecho con esa fantasía que entonces era terriblemente posible y nadie dudaba de que fuera a ser realidad: la iniciativa de defensa estratégica en base a satélites interceptores de ICBM en órbita sobre la tierra...
Los ordenadores habían llegado al consumo hogareño y mientras tecleábamos líneas de comando todo parecía posible. Las películas nos mostraban una URSS de dirigentes semi ancianos y burocracia opresiva, de armamento superior a Occidente que siempre se lograba desbaratar a tiempo y, si no, estaba James Bond, bueno, estaban porque hubo varios esa década aunque el Timothy Dalton nunca terminaba de convencernos. La música era un sonido nuevo, sintetizado en torres de sintetizador y el tecno pop entraba en su época dorada...
Entonces Chernóbil estalló pero no lo supimos entonces... recuerdo la noticia del telediario y es curioso el mecanismo mental del recuerdo, de algunos recuerdos que sin ser grabados a fuego se quedan ahí, en un estante privilegiado...
La primera noticia que tuve fue el anuncio de que se detectaban niveles superiores de radiactividad, de una nube de, y sin darnos cuenta, sin que se informase al resto del mundo al instante como estamos acostumbrados ahora, de repente y sin saberlo, la URSS quedaba herida de muerte por un disparo a sí misma...
El resto ya lo conocéis.

Antón Rendueles

"Memorias de la Transición", por Antón Rendueles

 

Dimisión de Durán Lleida

 

He leído en la prensa que ha dimitido el político catalán Durán Lleida, afirman que engullido por la movida secesionista que engulle a sus mejores patriotas y reparte poltronas en base a lamentos, algarabías y escabechinas internas. Reconozco que no sigo la política, alguna noticia con titular que me motive a seguir la lectura o simplemente curiosidad, un comentario en la radio o imágenes con rótulos y altavoz silenciado. Me he aislado voluntariamente tras quedar postrado a la silla de ruedas y no alterno para hablar de política con amistades, supongo que perdidas hace tiempo, desde que mis piernas no me llevan a votar...


Duran Lleida me ha acompañado en mi periplo vital, creo que fue en La Clave que le conocí como ciudadano pero el recuerdo es difuso aunque sí recuerdo claramente a Anasagasti, pero igual es de verlo recientemente en uno de esos programas que una televisión pública sin dinero presupuestario recurre a imágenes de archivo en programas nostálgicos. Después le he seguido desde la distancia geográfica y coordenadas políticas, pero creo que desde prácticamente adolescente, siempre he procurado escucharle en sus intervenciones como diputado, una voz coherente, magnánima con sus antagonistas donde aportaba el sentido común y el afán de eficacia que distingue a los catalanes.

En mi humilde opinión, desde el desconocimiento del votante, Durán Lleida es de esos políticos que en época de verdadera crisis surgen como estadistas pero que en época de paz suelen estar constreñidos ya sea por ideología o por el partido, pero siempre fue un socio de fiar, es de esos políticos que los escuchas, ves su trayectoria y su coherencia logrando que a la hora de decidir el voto el votante se diga, me diga a mí mismo, que pena no poder votarle y que pena que no vayan en las listas cerradas más como él...

Sé que muchos dirán que no merece tantos halagos, pero en un sistema de voto de listas abiertas posiblemente no sería un cadáver político. Es de esos catalanes que aumentan la leyenda y el oropel de Cataluña como catalizador de modernidad y progreso para toda España, pero también viceversa porque siempre supo en su coherencia que España podía aceptar la singularidad territorial y política de la autonomía catalana, lector de los tiempos que nunca tensaba la cuerda pero sabedor del arte de dar un golpe en la mesa no para imponer o amenazar, para dejarse de memeces y buscar soluciones...

Hablo desde el corazón porque pienso sinceramente que este bienestar que disfrutamos que permite chorizos que esquilmen las arcas públicas y políticos que ven en la secesión la manera de seguir viviendo del contribuyente, se echará de menos esta legislatura la presencia y la inteligencia política unida a un talante negociador de un político de raza. No pierde Cataluña uno de sus mejores patriotas y embajador de catalanismo, pierde España un político leal dentro de la discrepancia pero objetivo en sus análisis.

Le doy las gracias por sus servicios al señor Durán Lleida, no como español que aplaude la colaboración de un catalán que no se siente tan español como yo, se la doy como ciudadano y le agradezco este presente y creo que el futuro es más incierto ahora que ya no está. Supongo que cuando no esté en este mundo las loas y reconocimientos llegarán, españoles y catalanes, porque un político de verdad logra en su muerte que sus antagonistas y sus aliados se unan al dolor de su pérdida...
Antón Rendueles

 

lunes, 28 de diciembre de 2015

 

"Memorias de la Transición", por Antón Rendueles

 

DÍA DE LOS INOCENTES

Las vacaciones escolares de Navidad se escurrían por el calendario. Atrás quedaba la cena, el discurso del Rey, el turrón que empapaba la boca y la familia, poca pero unida sentados a la mesa. Tardes de cine, de televisión y salidas a compras eran el pequeño mundo de quien dejaba de serlo para entrar en la adolescencia...

 

Pero el 28 de diciembre era especial, un día marcado que esperaba todo el año, cuando los años no eran días en el calendario y las semanas podía ser eternas como en época de exámenes o a la vuelta de vacaciones, o efímeras como eran las semanas de vacaciones. Supongo que toda mi generación vivía ese día, eramos consumidores compulsivos de los tebeos de Bruguera y Zipi y Zape, Carpanta, Mortadelo y Filemón, Rompetechos...

 

Y tantos y tantos personajes de un puñado de dibujantes que nos indujeron subliminalmente a tener sentido del humor, apreciar lo absurdo de la vida y que siempre por estas fechas acaba alguien con un monigote de papel en la espalda colgando para chanza de transeúntes en sus historietas. Alguien debería algún día de hacer una tesis sobre cómo influyeron aquellos personajes y sus historietas a tener espíritu tolerante y educaron con humor lejos de la sombra de la Guerra Civil que acechaba inquietántemente el mundo de los adultos en aquella Transición, sería un justo homenaje a los dibujantes y siempre que veo a Ibáñez en algún artículo de prensa o revista no puedo dejar de pensar que es el último de una estirpe de humoristas nacidos al calor de la censura, trabajar para vivir y un agudo sentido de la observación cotidiana, olvidados injustamente en esta etapa de la revolución digital y de comunicaciones en tiempo real con audio y vídeo...

 

Además de predisposición a gastar inocentadas se daban dos aspectos para vivir plenamente la jornada: mi hermana y mi primo, que es mi hermano, ya tenían entendederas para ser sufridores de las mismas y sobre todo ser cómplices a la hora de gastarlas a nuestro entorno. La ciudad disponía de dos establecimientos emblemáticos a la hora de adquirir arsenal de bromas, Randa, la tienda de artículos en la zona de la Plaza de San Agustín, ahora convertido el espacio en centro comercial , donde ya no hay andenes que dejen y recojan pasajeros y no existen las tiendas que conocí...

 

El otro sitio era el kiosko de El Pedos enfrente de lo que era el Cine Albéniz, en uno de esos portales antiguos, con su boina y su voz de la que apenas se entendían las palabras y al que siempre se le gastaba la broma de pedirle una bolsa de gamusinos y empezaba a buscar y refunfuñar mientras te ofrecía bolsas de pipas, caramelos o regaliz porque no tenía los gamusinos... Supongo que hace tiempo que cría malvas como mis piernas atadas a la silla de ruedas o el viejo barrio donde el esqueleto de edificios es el mismo de antaño pero no su alrededor, cambiado y familiar, tétrico y reconfortante al viajar por la memoria...

 

Siempre recopilaba un buen arsenal como bombas fétidas, petardos para cigarros y el mítico frío y calor que lograba que ardiera el culo del incauto. En casa, en una caja, esperaban su ocasión el dedo vendado de pega, el paquete de chicles que era una pinza que te atrapaba los dedos y cosas así. Teníamos una cagada de pega, muy realista en color y textura visual además de buenas proporciones y que hizo a nuestro abuelo cagarse en todos los muertos de la perra porque al levantarse a orinar esa mañana de Santos Inocentes había una hermosa cagada al pie del inodoro...

 

Tal vez la vida sea una tragicómica broma y el destino un bromista en manos de un niño que recorta un monigote de papel para hacer una inocentada...

Antón Rendueles
 

martes, 17 de noviembre de 2015

 

"Memorias de la transición", por Antón Rendueles

 

AUTONOMÍAS

Observo desde la atalaya de ser una máquina defectuosa, un lisiado cuya calidad de vida depende del ajeno: accesos, facilidades para la silla de ruedas, condescendencia que es más dolorosa que si te dicen estorbo...
Supongo que mi generación ve las autonomías como algo normal y cotidiano, esa es su virtud, el que un manchego, un vasco, un riojano y un catalán amen su terruño, su cultura regional. Cataluña siempre era algo propio y común pero que se percibía como algo especial. Los vascos eran serios y trabajadores mientras que los catalanes eran juiciosos y sofisticados...
Mi primer recuerdo de amor al terruño data de los años inmediatos a la muerte de Franco, no comprendía ver en las noticias a gente correr delante de la policía, pero sin comprender, sí entendía que se amara la patria chica de cada uno. Mi mente que ya dejaba la infancia y entraba en la adolescencia, se sentía orgulloso de ser asturiano y era normal para mis entendederas que Cataluña saliera a la calle con sus banderas, que aquel señor mayor, casi anciano, que volvía a su tierra fuera recibido con algarabía...
Los mayores hicieron posible que no nos enteráramos de que era la Generalitat, la represión de los vencedores sobre los vencidos. Tal vez mi virtud era que me gustaba el cine porque me inculcaron afición al mismo, y me tragaba los debates de La Clave porque echaban buenas películas para mi bisoño entender de cine...
Recuerdo a Anasagasti, recuerdo a Durán y trato de recordar a tantos, tal vez porque solía quedarme dormido o jugando mientras duraba el debate antes de la emisión de la película acorde al tema, tal vez sufrí una influencia subliminal como el feto que percibe sonidos que son música que su madre le pone para estimularle, pero nunca vi algo extraño o ajeno a que existieran las CCAA.
En la Transición se pusieron en boga algo que ahora es normal y cotidiano: que los gerifaltes de lo que sea lleven pins con la bandera de su país o terruño. Pero de aquella fuimos pioneros en España en hacer ver nuestra identidad; era un pin de poner en la correa del reloj, que casi inevitablemente solía ser digital, toda una novedad tecnológica por cierto; representaban las banderas de las distintas comunidades y recuerdo mi orgullo infantil cuando mi padre me regaló una que lucí orgulloso el tiempo que tardé en fijarme en otra cosa...
Luego estaban las pegatinas en los coches y abalorios magnéticos, puede que los vascos tuvieran la ETB, los gallegos la TVG y los catalanes C3, las envidiadas televisiones autonómicas para quienes sólo teníamos las dos de TVE con una desconexión regional una vez al día, pero los adhesivos con alegorías y frases de asturianía lucían un montón en los coches...
Ahora todo aquello que formaba el mundo que me rodeaba y donde mi inocencia se resistía a ser engullida por inmersión en la cruda realidad, ahora, todo aquello cobra sentido. Tal vez estuvimos ciegos a lo que implicaba para el futuro que es nuestro presente dejar que las tesis nacionalistas fueran introducidas en el código de valores supremos de convivencia, de que el racismo ideológico vulnere la lógica de las urnas...
Las cosas y las personas cambian logrando a veces que la sociedad avance en bienestar y el mundo sea un poco mejor, aunque es curioso que el mundo se limite a nuestra confortabilidad. Pujol es un chorizo como la Pantoja, pero además siempre trató de inducir al resto de españoles a la culpabilidad de oprimir Cataluña, suena tan vacío ahora que da pena, asco y dolor.
Escucho a personas humanas de mi entorno, el limitado entorno en que me refugio del lastre muerto que son mis piernas, hablar muy agresivamente y preguntarse para qué sirvieron las comunidades autónomas. Siempre me callo para no replicar que eran necesarias, que vertebra el marco etnográfico de zonas geográficas y que alcanzado su techo es hora de avanzar a un estado federal, tal vez la primera monarquía federal de la historia.

 

Pero esas serán las memorias de otra generación y yo me conformo con disfrutar de los hechos históricos todo el tiempo que pueda, que la vida es una rueda...

martes, 29 de septiembre de 2015

 

"Memorias de la Transición", por Antón Rendueles

 
AQUELLA NOCHE DE LOS TRANSISTORES
 
Opino que uno se siente parte de un todo cuando una parte sufre fractura con riesgo de amputación y duele, ese dolor de saber que se rompe el juguete o cuando se rompe el amor o se rompe la esperanza de volver a caminar con las piernas propias, supongo que desde mi perspectiva el no al secesionismo se ve con alegría...
 
Tal vez por eso adquirí hace unos días una radio, presentía que el tramo horario comprendido entre el cierre de los colegios electorales en Cataluña y el fin del recuento serían intensos y lo quise vivir escuchando la radio y alejarme de los gallineros televisivos...
Se notaba en las conversaciones de familiares y visitas, también en las calles, que había expectación, algo distinto a lo de siempre que por lo general no despierta el interés a los comunes de los mortales inconscientes de que un voto, su voto, puede cambiar el rumbo. Mi memoria histórica sólo percibió algo así hace ya un buen puñado de lustros: el 23-F de 1981.
Aquella tarde el autobús escolar me dejó como siempre en Los Campos y me gustaba ir caminando por la calle Uría hasta el escaparate del comercio de electrodomésticos, me gustaba ver aquel escaparate porque...
 
No recuerdo el porqué, pero si noto, fresca y embriagadora, la sensación de placer de contemplarlo, aún veo el reflejo de aquel niño que aquella tarde se sorprendió del número de personas clavadas delante del escaparate mirando una televisión, es la primera imagen que tengo del Congreso aquella jornada de noche casi eterna para los adultos...
 
Recuerdo... recuerdo que entonces el niño se acordó, o tal vez sea el adulto que es ahora y es su recuerdo que se sublima con aquel otro del escaparate, la noche de la muerte de Franco en que emitieron Objetivo Birmania y el impacto que me causó ver como cortaban el dedo de un japo para quedarse con su sortija... Aquella noche recuerdo a mi abuelo delante del televisor en blanco y negro y a mi abuela, mi dulce madre más que abuela en su amor, bregando en la cocina pero es un recuerdo de la infancia y poco nítido en comparación al 23-F...
Aquella noche mientras dormía, los adultos escuchaban la radio y cuando años después ya era radio oyente, de esos raros que para las grandes noticias prefiere la radio, siempre añoré no ser consciente del mundo que me rodeaba aquella noche y no participar en la liturgia de la radio en estado puro...
Así que me armé de valor y casi una semana antes del domingo de elecciones autonómicas catalanas bajé en mi aparatosidad de silla de ruedas a un comercio cercano y adquirí una radio, una réplica barata fabricada en China. Era consciente de que en esta era digital no sería una noche larga, casi ni sería de noche, cuando el escrutinio arrojara el veredicto. También adquirí una vela y la encendí en homenaje a mis difuntos, puse la radio y escuché hasta el dictamen final de las urnas.
Ya tengo mi noche de radio, dentro de cuarenta años se recordará la jornada como ahora se recuerda aquella tarde de golpe de estado la noche de los transistores. Cuando éste terminó, los adultos supieron crear el entorno democrático para que los que ahora somos adultos, y seguimos dándonos de zurriagazos entre nosotros como antes ellos, pudiéramos seguir haciéndolo...
No ha ganado nadie, siempre se pierde con la ilegalidad, pero todos hemos perdido algo de inocencia, de que el peligro es real, de que los adultos del ahora sepamos dar a los que son infancia un mundo y una sociedad donde los votos siempre se impongan a la fuerza de las armas, sean reales o metafóricas en argumentos y credos.
Así que tengo mi noche de radio que algún día contaré ya anciano a alguien infinitamente más joven que tal vez busque respuestas e incluso puede que le ayude a plantearse preguntas y le diré que aquella noche mi pregunta era si los políticos estarían a la altura de las reclamaciones de la ciudadanía... Supongo que lo sabré entonces pero en realidad, ahora que lo pienso, tal vez lo mejor sea que nunca lo sepa y nadie venga a preguntarme...
Quién sabe.

jueves, 23 de julio de 2015

 

OBITUARIO

 

JOSÉ SAZATORNIL “SAZA”, actor

 

He visto en el noticiero durante el almuerzo la noticia del fallecimiento de uno de los iconos de generaciones de españoles, incluso de aquellos que reniegan de serlo...

Le tributan como homenaje adjetivos tales como actor de reparto y cómico, como si con ello se quisiera además de rendir tributo resaltar lo polifacético de sus registros, pero personalmente no estoy de acuerdo. Atado a una silla de ruedas, una de mis aficiones es revisar viejos títulos y siempre termino incluyendo en esas patéticas revisiones La escopeta nacional, donde el actor realiza una interpretación magistral del catalán universal, ese que sabe adaptarse a los tiempos y desea la prosperidad propia porque es la prosperidad del conjunto. Pero es porque José Sazatornil era un actor pura sangre como lo era Peter Sellers con la diferencia de que su aspecto nunca fue impedimento y no necesitaba caracterizarse porque con la misma cara, los mismos gestos, su interpretación del personaje de turno lo hacía distinto en cada uno como sucedía por ejemplo con José Luis López Vázquez y tantos otros que colaboraron con su arte y su talento a que miles de espectadores se identificaran con sus personajes riéndose de sí mismos y haciendo más llevadera la dura vida cotidiana.
 
Si se revisa su filmografía, nunca tuve la oportunidad de saborearlo en una función de teatro, ha interpretado a todo tipo de españolitos, de los que les tocó vivir en un mundo sin libertad pero donde saboreaban cada resquicio, pero sin encasillarse en uno en concreto como por ejemplo hizo Paco Martínez Soria, como dije antes, le bastaba un gesto, un movimiento corporal o de gesticulación con las manos para llenar de matices diferenciadores un personaje que en otras manos sería copia de anterior.

 

No considero justo llamarle actor de reparto, que lo era, porque Saza en el mismo ya arrastraba espectadores en la sala, era como un nuevo estreno de Clint Eastwood con la diferencia ya dicha de que no se encasillaba en un arquetipo.

 

Sirva este homenaje póstumo de agradecimiento a José Sazatornil y a quienes le acompañaron en los repartos porque se ha muerto algo de nosotros pero quedan sus interpretaciones y su recuerdo porque si no hubieran existido tal vez no dispondríamos de un talante que afronta las adversidades con humor, porque otra muestra de su talento era que Saza era capaz de hacerte desternillar de risa o de ponerte serio y meditabundo. Tal era su arte y su talento.

 

Descanse en paz.

martes, 5 de mayo de 2015

 

OBITUARIO

 
JESÚS HERMIDA, periodista
 
He leído un comentario en una red social a raíz del fallecimiento de Jesús Hermida que las pérdidas inexorables de las personas que nos acompañaron durante la infancia hace que ésta se termine perdiendo...
 
Los recuerdos anclados a mi memoria, igual que mi cuerpo anclado a una silla de ruedas, me traen un Hermida en blanco y negro, joven y muy americano de los EEUU, su persona era distinta y su estilo era distinto al resto de bustos parlantes que salían en la tele dando noticias. Luego, le recuerdo en color y de mañana, y recuerdo como si fuera ahora, como si todo aquel mundo condensado en un instante d erecuerdo volviera a ser presente fugaz, que pensé que su estilo era barroco y que era un tipo inteligente que trajo sin inventar nada nuevo el modelo televisivo USA.
 
Pero mi gratitud hacia él no es por lo periodista que era, otros ya se encargan de rendirle tributo como profesional, mi gratitud es porque nunca hubiera soñado con ser astronauta ni hubiera preferido seguir las noticias de la conquista del espacio antes que aprender el Catecismo, nunca hubiera soñado sin su voz, sin su estilo y la fascinación que transmitía cuando cronicaba sobre el viaje del hombre a la Luna.
 
Poco antes de quedar postrado en la silla de ruedas con mis piernas muertas, encontré en una feria de libros, sección segunda o más manos, un libro suyo. No recuerdo el título pero creo que era algo del programa Apolo de la NASA. El estilo era de un joven que vivía y saboreaba un instante de su vida que nunca olvidaría, el españolito que el decía en la ciudad de las estrellas que era Orlando...
 
El libro pecaba quizás de pecado de juventud del autor, pero sólo porque me resultaba chocante tal entusiasmo pero que visto ahora que no hemos vuelto a pisar la Luna ni hay bases permamentes para colonizarla, supongo que era terriblemente consciente de que estaba viviendo historia...
 
Descanse en paz.

martes, 14 de abril de 2015

"Memorias de la Transición"

 

Unas memorias de Antón Rendueles

en exclusiva para The Adversiter Chronicle

 

EL UNIVERSO DE MORTADELO Y FILEMÓN

 

He visto estos días atrás en los noticieros que Ibáñez ha sacado un nuevo título de las aventuras de Mortadelo y Filemón, y no soy capaz de abstraerme de los recuerdos del pasado...
 
Para mi generación los tebeos formaban parte del universo y en mi caso siempre estuve bien surtido ya que a las compras semanales del DDT, Pulgarcito y demás productos de la editorial Bruguera se sumaban los tomos de Magos del Humor que siempre me regalaban por Navidad y cumpleaños...
 
Recuerdo a mi madre que me traía por sorpresa un tebeo y a mi padre irse al baño con un ejemplar de Mortadelo y Filemón, hábito que heredé y que sin duda contribuyó a mi afición a la lectura, a mi hermana aficionada a Zipi y Zape y como nos reíamos con las desventuras de don Pantuflo catedrático de colombofilia, la Famila Traspisonda, un grupito que son la monda, Carpanta que habitaba en un undo de hambruna que afortunadamente no me tocó vivir y tal vez porque intuías la tragedia entre líneas de una época resultaba un personaje del que no se confesaba que resultaba atractivo con sus desventuras por hincar los dientes a un buen pavo, un jamón o un simple bocadillo, Pepe Gotera y Otilio chapuzas a domicilio y tantos y tantos personajes como Anacleto agente secreto y Agamenón igualico igualico que el difunto de su abuelico...
 
Me regodeo en el recuerdo con el kiosko de Pepito, el kioskero del barrio cuyo local sigue en pie pero ahora vende artículos exóticos. A medida que el país avanzaba apara ponerse a ritmo de la entonces lejana Europa, llegaban a los kioskos nuevos tebeos como Don Micki, el primer desembarco serio de Walt Disney en España y que siempre traía algo de regalo, también Tintín tuvo su propio tebeo que era signo de sofisticación aunque yo prefería a Asterix y Obelix enfrentados eternamente al invasor romano...
 
Pero ibáñez siempre fue distinto y genuino. Mortadelo y Filemón a medida que ganaban en trazo y detalle gráfico, sus aventuras ganaban en densidad mostrando bajo otro prisma que encajaba en la infancia y en los adultos, esa es su magia que por lo que leo y escucho sigue viva en sus episodios que entonces se leían por partes en los tebeos y se encontraban completas en Magos del Humor donde a veces compartían volumen con otros personajes aunque sólo Vázquez y su entrañable Rue del Percebe 13 igualaba el realismo de Ibáñez no por demérito del resto que eran legión sus fans entre los adultos que una vez fueron niños...
 
Lo único que lamento es que siempre que fueron adaptados al cine como dibujos animados el resultado no estaba a la altura del cómic, porque todos aquellos dibujantes y sus personajes eran parte del mundo del cómic aunque de aquella en esta categoría entraban tebeos de títulos como 1984 que hablaban de otros mundos donde se repetían los vicios de éste...
 
Hace mucho tiempo que ya no bajo al kiosko a por tebeos, aquellos tomos han terminado desaparecidos o en otras manos, ya no hay tebeos en los kioskos y mis piernas ya no pueden sortear obstáculos de los que sólo eres consciente cuando estás postrado en una silla de ruedas, pero Ibáñez sigue dando caña, sigue mostrando con humor la tristeza de un mundo injusto...
 
Este mundo de refalfie consumista, de polémicas políticas y de ciudadanía con inquietudes y ganas de reformas debe mucho a Ibáñez y sus colegas porque nos enseñaron a los que ahora somos adultos a reirnos de nosotros mismos, a soñar con aventuras donde rezumaban conceptos como solidaridad, diálogo y respeto. Porque Mortadelo y Filemón en sus aventuras se reían de esa España que nos vendieron de eterna acomplejada entre naciones para mostrar que el resto de los países también eran de risa...
 
Le estoy agradecido y soy de la opinión de que mi generación también porque la risa no tiene precio y el humor es lo que más temen los poderosos porque es fácil causar dolor pero es muy difícil causar risa como hace Ibáñez, un adelanto hispano a lo que ahora ya es un clásico en la televisión como animación para adultos.
 
Cierro los ojos y puedo sentir entre mis dedos el tacto de las páginas, el colorido de las viñetas y el ansia conque devoraba las historietas...

Antón Rendueles

lunes, 2 de febrero de 2015

 

"Memorias de la Transición"

Unas memorias de Antón Rendueles

en exclusiva para The Adversiter Chronicle

PODEMOS 1982

 

Miro el televisor amarrado a mi silla de ruedas, cada vez me apetece menos salir aunque observo como la juventud sale a las calles y sus jóvenes líderes hacen soñar con hermosas palabras a mayores y menores...

 

Recuerdo haber visto antes esas escenas y escuchado esas palabras disfrazadas en otras frases para enmascarar la ilusión colectiva en que se puede cambiar algo que lleva siglos sin cambiar...

 

Era 1982 y las calles se inundaron de carteles con escenas de plazas de pueblo, ciudades y aglomeraciones de gente ilusionada que veía en un joven Felipe González la esperanza del presente para desterrar el pasado y desenterrar un futuro. Era fascinante ser adolescente, poco aún, ya que los partidos políticos se prodigaban en campaña electoral de repartir adhesivos que llamábamos pegatinas lo cual hacía aumentar la colección de las mismas duramente recolectadas a lo largo del año...

 

Además el estilo de los dibujos de los carteles electorales del PSOE nos eran muy familiares porque el autor era colaborador habitual del programa matutino de los sábados para infancia y adolescencia. Al igual que ahora, se hablaba de cambiar las cosas y se confiaba en el hombre aunque no se comulgara con su partido. Había manifestaciones teñidas de agresividad contra la injusticia y el atraso del país...

 

Cada vez que aparecía en el televisor Felipe González los mayores mandaban callar para escuchar lo que no paraban de repetir por todos los medios mientras que yo soñaba con Naranjito y el Mundial 82. Recuerdo sus promesas impresas en carteles y vallas publicitarias, iban a crear puestos de trabajo, íbamos a salir de la OTAN pero nunca ganamos el Mundial 82.

 

Su estética era característica como es ahora, pero distinta: patillas, chaquetas de pana... Pero sigue el puño en alto y la estética con gafas revolucionarias...
 
Yo no soy aquel chico, estoy inválido, Felipe González es ahora un respetable burgués, somos parte activa y sacrificable de la OTAN, los puestos de trabajo nunca se vieron y hay un nuevo mesías que ilusiona a la gente...
 
Nada cambia pero todo se quiere cambiar para seguir igual. La diferencia con 1982 es que trataban de ganarse el voto y ahora el PSOE se pelea por los votos sin darse cuenta de que están insultando a los votantes como si no tuviesen raciocinio. No sé que pasará en mayo, sé que dentro de 33 años todo será distinto aunque puede que siga igual, que los mesías serán burgueses y que yo no lo veré aunque ya lo he visto antes, en 1982.

Antón Rendueles

martes, 30 de diciembre de 2014

OBITUARIO

 
JOE COCKER, músico
Ha fallecido días atrás un músico, Joe Cocker, que me ha acompañado desde que le escuché en la banda sonora de 9 Semanas y media, como tantos y tantas le descubrieron. Para un adolescente de los 80´s la canción que interpretaba en la película ha resultado nauseabunda al escucharla de lo que la quemaron en la radio fórmula y repetido hasta la saciedad el vídeo clip...
 
Pero su voz me atrapó y desde entonces me acompañó en mi trayecto vital, caminando cuando podía caminar, soñando y rememorando que camino fuera de la silla de ruedas...
 
Mi siguiente contacto fue poder disfrutar de su voz en directo en la plaza de toros de Gijón, creo que a final de los 80´s o tal vez en el 90... Es curioso como falla la memoria pero permanece el recuerdo, de pie en el escenario echando un trago entre canción y canción, su grupo de solistas con el guitarra y sus trazas urbanas de afro americano, la solemnidad del frac del tipo del piano...
 
Años después, abandonados los sueños de juventud y luchando joven por sobrevivir, adquirí en uno de aquellos expositores de gasolineras y bares una cinta casete de su disco With a Little Help from My Friends, una pequeña joya de finales de los 60´s...
 
A partir de entonces y sobre todo desde que estoy postrado en silla de ruedas más el avance de la informática, supe más de su discografía. Recuerdo haber visto un documental sobre una de sus giras en su época de gloria, desfasados como pocos con jet privado en las giras...
 
Su voz descarnada es un icono auditivo y aunque se le recuerde ya tripón y con barba, vivió su juventud deprisa sobre la ola del éxito y verle actuar pese a su barba y su tripa hacía apreciar en su voz, en sus desgarros versioneando, una furia vital dulcemente dominada...
 
Nos queda su música pero nos fatará siempre la esperanza de verle en una nueva actuación, escuchar una nueva versión o simplemente su voz desgarradora cuando la noche es una certeza y la oscuridad una condición, cantando un blues con voz desgarrada...
 
Gracias viejo Joe, descansa en paz.

lunes, 8 de diciembre de 2014

 

OBITUARIO

 
 
Por Antón Rendueles
 
RALPH BAER, inventor del vídeo juego
 
Ha fallecido una de esas personas que son omnipresentes en nuestra existencia terrenal, no por su persona sino por sus logros que forman parte omnipresente de nuestra rutina: un inventor.
La actual industria del vídeo juego y la historia del mismo nacen cuando Ralph Baer logra ver el potencial del aparato de televisión como entretenimiento...
 
Yo recuerdo mi primera vídeo consola, una mítica ATARI. Me atrevo a decir que además supuso el primer paso de la globalización digital en una aldea planetaria tan propensa a las matanzas entre seres humanos. Jóvenes de todo mundo, aquel mundo occidental antagonista del mundo soviético, compartieron juegos y tecnología aún sin intercomunicación entre las máquinas como ahora, pero compartiendo pantallas de figuras geométricas que eran naves destruye asteroides, invasores marcianos y cómo no el ping-pong...
También recuerdo la máquina de ping-pong en el bar, demasiado alta para mi estatura pero había algo de hipnótico en aquella pantalla donde una serie de rayas y un punto te hacían viajar a una mesa de juego y una competición, sencillo en su planteamiento pero complicado de jugar si no te concentrabas.
 
Nuestro homenaje a Ralph Baer porque llenó de aventuras mi infancia y sigue su invento, su desarrollo creando toda una industria y una cultura en jóvenes generaciones desde finales de los 70´s.

jueves, 13 de noviembre de 2014

"Memorias de la Transición", por Antón Rendueles

 
 
Unas memorias de Antón Rendueles
en exclusiva para The Adversiter Chronicle
 
EL KIOSKO DEL MERCADO DE SAN AGUSTÍN
 
Cuando era niño los kioskos eran parte fundamental de mi universo y el de mis amigos o compañeros de colegio. Era la iniciación al consumo, a pedir pesetas para gastarlas en los múltiples productos que la oferta para infantes tenía entonces el mercado: regaliz, caramelos de selz, pipas, cromos, tebeos...
Los kioskos eran un lugar fascinante y tuve la suerte de disfrutar de los entresijos, y sobre todo de lectura gratis, de uno de ellos. Estaba en lo que entonces era el mercado cubierto de san Agustín, en su exterior había un andén donde los autobuses traían y llevaban gentes y productos de los alrededores de la ciudad, lindando con el Náutico a dos pasos de la playa...
Mi abuela era la reina de la tortilla en la pequeña cantina que regentaba mi abuelo, mis padres tenían un puesto y abandoné la infancia para entrar en la adolescencia entre ajetreos de mercado, olores mezclados de fruta, licores, carne y pescado fresco; el silencio del cierre con las persianas bajadas y mostradores vacíos...
Y el kiosko.
 
Lo llevaba un tipo postrado como yo ahora en silla de ruedas. Contaba la leyenda urbana que se había lesionado la espina dorsal por saltar desde el alto al agua en el muro de la playa. Enseguida congeniamos y entre pitos y flautas terminé un verano ayudándole cuando su mujer no estaba a colocar y reponer mercancía, y con esa escusa me pasaba el día sentado en una silla leyendo los últimos números recién distribuidos de mis tebeos favoritos, descubriendo el cómic que hablaba de un futuro en otras sociedades y otras tierras separadas entre sí por estrellas, de porno semi oculto visto de reojo con sagaz curiosidad, del olor de los dulces mezclados y de ver que era una persona invalidada parcialmente, minusválida como yo ahora...
 
Quiero hacer memoria pero no recuerdo su nombre y tengo miedo a escribir el que creo
que era por temor a equivocarme, triste clavo en el ataúd del olvido pero no en mi recuerdo aunque la memoria falle. Ayer me trasladaron al médico y pasé por el viejo mercado reconvertido en centro comercial sin andenes donde se vendían melones en temporada, sin la cantina donde mi abuela era la reina de la tortilla, de ir al kiosko...
 
Todo se olvida porque la vida es renovación pero es curioso como la memoria me traslada y vuelvo a correr, ir en bicicleta, preguntarle si le ayudaba y el moviendo su invalidado brazo para decirme que podía pasar a aquel hueco ocupado por el cuerpo medio inerte de quien trato de recordar su nombre, pilas de revistas y una silla donde me sentaba, la silla que ahora me desplaza porque mis piernas ya no corren y los kioskos no sé si siguen siendo lo que eran...
Antón Rendueles

lunes, 30 de junio de 2014

 

 

OBITUARIO

 

Por Antón Rendueles

 

ELI WALLACH, ACTOR

 

La otra tarde ojeando la prensa me enteré del fallecimiento de Eli Wallach, un actor presente en la mente de generaciones de espectadores por sus interpretaciones de Calvera, Tuco Benedicto y el Padrino III.

 

En aquellas tardes de verano, con vacaciones escolares, era raro no encontrarse en alguna jornada de butaca de patio con el bueno de Eli Wallach, El bueno, el feo y el malo quedó marcado en mi mente infantil y por alguna extraña razón volvía cada verano a verla en aquellas reposiciones del Cine Albéniz y cuando llegó el vídeo doméstico alquilarla con la excusa de que querían verla los mayores.

 

En Los siete magníficos interpretó a Caldera, el villano mexicano con su banda de cuatreros que asolaba periódicamente a los destripaterrones que tenían que esconder a sus mujeres y que se hinchaba a comer y beber y luego saquear a los humildes campesinos...

 

Sin embargo Eli Wallach despertaba mi empatía, había algo en su personaje, quizás esa mirada brillante con expresión de tahúr que husmea una emboscada pero que también reflejaban que era feliz en su vida de pillaje y de saqueos...

 

Vendría luego Tuco Benedicto, el feo, ese puerco pistolero acusado y buscado en varios estados por delitos que iban desde el secuestro a la violación pasando por atracar bancos, salvado de la horca por su compinche en el último momento, buscando su buena fortuna que le permita dejar de ser un puerco pistolero...

 

Por último, en mi memoria, está su personaje en el Padrino III, de viejo zorro mafioso, decrépito ya que se mueve entre bambalinas para seguir teniendo poder hasta su último suspiro y que moría envenenado por los pastelillos de las monjas...

 

Pero en todos sus personajes de villano, de buscavidas, logra caernos bien, lograba que nos olvidáramos del actor para disfrutar de la interpretación del personaje...

 

Y era actor de Hollywood, cierto que la fama se la llevaba el Eastwood, pero el que nos gustaba en el fondo, el pirata cojo que nos gustaría ser, era Wallache. ¡Quién no ha querido ser Calvera y cabalgar libre! ¡Quién no se identifica con Tuco Benedicto cuando hostia a su hermano fraile que no acaba de querer comprender que su hermano no es malo, que trata de redimirse y que es su hermano fraile quien tiene riquezas aunque sean espirituales! ¡Quién no ha disfrutado viendo al viejo mafioso morir de gula en forma de pastelitos envenenados!

 

¿Qué espectador no se siente algo huérfano de perder un amigo en la pantalla?

 

Eli Wallach, un gran actor que llevó momentos de entretenimiento y diversión a generaciones de espectadores y cuyos personajes son ya inmortales cuando otros actores de relumbrón sólo pueden presumir en la mayoría de las ocasiones de una interpretación inmortal...

 

Descanse en paz.

 

martes, 10 de junio de 2014

"Memorias de la Transición", por Antón Rendueles

 

Unas memorias de Antón Rendueles en exclusiva para The Adversiter Chronicle


 

GIMÉNEZ DEL OSO

Y SU PUERTA AL MÁS ALLÁ

 

Resulta difícil poner cara de póquer cuando los seres queridos al verte postrado en una silla sin quererlo te tratan con condescendencia por la sencilla razón de que no son conscientes y mostrarles la verdad les haría sentirse incómodos y a estas alturas de mi postración he aprendido a disimular, pero odio la condescendencia...

 

El caso es que me han regalado hace meses uno de estos modernos televisores planos que vienen con hasta micro procesador, seguramente más potente que los que hicieron posible poner un pie en la Luna...

 

Tiene la posibilidad de conectarse a Internet y estos últimos días donde ya brilla el sol y la gente gusta de salir a pasear, yo trato de dar lo menos que hacer posible, no es agradables salir a la calle cuando tus piernas están muertas y no se puede pisar el asfalto, correr o simplemente ir a la playa a mojar la planta de los pies, sobre todo cuando no sientes de cintura para abajo...

 

De manera que aburrido porque mi alma es un perpetuo estado de aburrimiento, empece a cachivachear en el mando a distancia con la impagable ayuda del manual y tras varios intentos, una ofuscación, sensación de impotencia a veces y ganas de ser el jinete del Apocalipsis para la televisión con Internet en forma de martillo pilón destrozándola con saña, pude conectarme a youtube...

 

Hice lo típico supongo: buscar varias cosas pese a la lentitud y mi torpeza para teclear letras con el mando a distancia pero terminé por teclear Jiménez de Oso, el mítico divulgador en una segunda cadena en blanco y negro e interferencias continuas en la señal de recepción. Ha sido reconfortante volver a ver la mítica cabecera del programa, la música y al Jiménez del Oso como si nos hablara desde su Más Allá que trató de mostrarnos sin sentar cátedra, desde todos los ángulos posibles de la lógica pero mostrando a la vez las teorías paralelas...

 

Creo que si viera en que se ha convertido la divulgación de la parapsicología y de los fenómenos extraños llamaría alcornoques a los divulgadores porque con todos los medios a su alcance no logran superar ni recrear la atmósfera de su Más Allá...

 

Tal vez eran tiempos de descubrimiento y ahora que terminan como terminan todas las cosas, miro por la ventana mientras el profesor me habla en la pantalla sin sonido, sólo le veo gesticular y mover los labios y le doy las gracias: este reinado que toca a su fin y que trajo avances y prosperidad no hubiera sido posible sin el añorado Jiménez de Oso porque hablando de OVNI´s, de psicofonías, de fantasmas y espíritus, de aquelarres caras de Velmez, aprendimos en blanco y negro a analizar y estudiar todos los aspectos con sus ángulos y aristas de las cosas evitando los dogmas y teniendo la mente abierta a nuevas experiencias mientras los mayores sembraban la paz social y la democracia que se avecinaba y ya se palpaba en las mentes y corazones de la ciudadanía española...

 

Tal vez sólo sean fantasías de un tullido suicida, pero le veo en la tele y si cierro los ojos y escucho su voz, mis pies de niño se doblan para subir al sofá a ver la tele porque prefería escuchar al profesor a salir con los mayores...

 

Puedo bajar a la calle a por una bolsa de chuches, puedo quitarme las zapatillas y mover los dedos de mis pies...

 

Antón Rendueles

 

lunes, 24 de marzo de 2014

 

OBITUARIO

 

 

Adolfo Suárez, político

 

Mi primer recuerdo de Adolfo Suárez no son imágenes rancias o su tono de voz...

 

Recuerdo la Carretera de la Costa a la altura de la Casa de Socorro con una caravana de coches con banderas y profusión de pegatinas arrojadas desde los mismos... Recuerdo las cintas en el coche cuando iba con los mayores y los chistes de su persona... También recuerdo que los mayores decían en reuniones y fiestas que usaba un tabique nasal de platino porque la coca le había perforado el original...

 

Adolfo Suárez ya era obsoleto y anecdótico cuando entré en el preámbulo de la edad legal para votar. Lo cierto es que los mayores le prestaban atención, pero nadie votaba a su partido tras una primera pugna electoral en que los mayores le votaron pero dejaron de hacerlo nada más salir del colegio electoral...

 

Fue la primera vez que me di cuenta de que era alguien que era parte de la historia de España.

 

Ahora, padeciendo de esa enfermedad que hace que emperadores y presidentes olviden quienes fueron y lo que hicieron, ese momento póstumo en que las luces y las sombras se pueden empezar a ver con nitidez tras la marcha del difunto de este valle de lágrimas.

 

Supongo que mi generación debe rendirle homenaje pero no por haber vivido su era, por permitirnos disfrutar de la nuestra como lo hacemos.

 

Miro por la ventana y me olvido de la postración viajando a aquella tarde en que salía del colegio y su foto cubría paredes y sus pegatinas, porque eran de la UCD, pasaron a mi caja de pegatinas...

 

Descanse en paz, la misma que nos permitió y permite disfrutar.

 

A. R.

 

 

 

viernes, 10 de mayo de 2013

Obituario

 
Una sección de Antón Renduelesen exclusiva para
The Adversiter Chronicle
Alfredo Landa, actor
Hay personas que al fallecer, cuando su ausencia es definitiva y conocida, pasan a ser personajes, ya sean históricos o de la memoria individual en los miembros de un colectivo.
Hay personas que cuando se mueren y lo sabemos, nos damos cuenta que nuestra vida está forjada a momentos de la persona fallecida aunque fuera una completa desconocida, pero queda su música, su cine, su escultura, su pintura, sus poemas, sus novelas y en este caso, sus actuaciones…
Para quienes éramos niños en la Transición, Alfredo landa estaba ligado en un primer descubrimiento del mundo del cine siendo aún niños, a películas de las que oíamos hablar a nuestros mayores en la merienda de los sábados, de carteleras de cine de trazos cómicos… Yo recuerdo el cine Hernán Cortés y la cartelera de No desearás al vecino del 5º
Supongo que era autorizada a menores o al menos a ciertos menores, es una cartelera icónica y perenne en mis neuronas junto con la ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?...
En la última descubrí el rock, en la primera conocí a un actor que pese a su ausencia desde ya, me acompañará hasta mi propia muerte, hasta la propia de todos y cada uno que nos hizo olvidar durante el metraje de la película los problemas y miserias para transportarnos a otras épocas o simplemente embelesarnos su actuación…
Alfredo Landa, ese actor en que de sábado de tarde emitían de vez en cuando películas en blanco y negro y se colaba en la pantalla del televisor, luego protagonista de aquel cine de adultos llamado españoladas con ese eterno sentimiento, si no de inferioridad sí más cutre, que despierta o despertaba el cine español…
Luego llegaron los Santos Inocentes
Dicen los entendidos del séptimo arte que la película que marca un punto de inflexión en su trayectoria fue El crack, dirigida por el oscarizado José Luís Garci. No discuto y sería de cretino discutir tal aseveración pero en mi cuaderno de bitácora la película que me descubrió al actor fue Los santos inocentes.
Había leído el libro supongo que como parte del programa escolar del curso que fuera, pero en esa actuación, Alfredo Landa realiza el milagro de traspasar la pantalla y quedarse en la mente del espectador. Podemos ver Vente a Alemania Pepe y identificarnos con la idiosincrasia de una época. Pero en Los santos inocentes, Alfredo Landa nos muestra el carácter español de los olvidados, la sumisión que es universal al cacique, tal vez por ello le premiaron, porque su personaje es inmortal en esa película. En su papel de Sancho Panza realiza una interpretación magistral de un personaje universal, en Los santos inocentes interpreta magistralmente el universo de un personaje, que suele ser mayoría en el cómputo total pero mueren ignorados por desconocidos.
 Se acaba el sistema de la Transición y se acaban sus iconos.
Lo que Alfredo Landa significó para el cine será ampliamente desmenuzado en los próximos días… Para aquel niño que miraba la cartelera, representó el cine prohibido por decreto gubernativo a menores, luego el orgullo de ser premiados y finalmente parte de su vida. Otros y otras le han precedido, pero Alfredo Landa es un símbolo de una época ya acabada y que se resiste a su transformación…
Gracias Alfredo Landa por tus actuaciones, aunque tú supieras que sólo era un trabajo y que te gustaba hacer tu trabajo bien hecho, significas mucho para una inmensidad de espectadores.
Descanse en paz.
A. R.
 
 
 
 
 
 

martes 5 de julio de 2011

"Memorias de la Transición", por Antón Rendueles

 
Unas memorias de Antón Rendueles en exclusiva para The Adversiter Chronicle
Nunca había pensado en escribir “mis memorias” ya que nunca fui dado a tener diario donde anotar mis vicisitudes y por otra parte siempre sentí cierto respeto empañado de temor a que alguien pudiera leer mis vivencias y descubriera todos esos claro oscuros vitales que todos tenemos:
pecados inconfesables, amores que matan sin que nadie se entere y la vergüenza ruborosa de aquellos actos que te gustaría borrar de tu vida...
Pero cuando The Adversiter Chronicle me propuso hacer unas “Memorias de la Transición” me quedé desconcertado y sin aún colgar el teléfono me arrepentí de no haber escrito un diario ya que en la Transición yo era un crío de siete años. Balbuceando me despido de mi interlocutora y sólo se me ocurre que en The Adversiter Chronicle su servicio de documentación ha metidola pata.
Recibo entonces una llamada del mismísimo Perry Morton Jr. IV donde me termina convenciendo argumentando que posiblemente la Transición fue el momento político más importante de la historia de España desde la muerte de Isabel la Católica y la decisión de Fernando de
Aragón de mantener los fueros de ambos reinos.

Lo primero que pensé era que el gringo con acento nasal que me hablaba a través del teléfono estaba como una puta cabra y mi
mente, sorprendida y empezando a mosquearse ante lo que cada vez más parecía una broma empezando a ser pesada, trató de reconocer la voz pese a la gangosidad de anglo sajón-hispano parlante a ver si se confirmaba que era una broma y encontrar lógica a lo que estaba ocurriendo.
Perry Morton Jr. IV, y he de agradecerle la santa paciencia que tuvo con este torpe, me desgranó su
argumento: Volvemos a vivir una transición, entendiendo como tal el deseo por parte de la sociedad de corregir y cambiar incluso el actual sistema. Como toda transición, las fuerzas clásicas del sistema, que pudieron haber sido revolucionarias en su época entendiendo la revolución como cambiar por medios pacíficos y cauces políticos dentro de la legalidad existente el sistema, ahora viven, se mantienen y forman parte sin decírselo a sus militantes del propio sistema.
España pasó de una dictadura de orígenes fascistas y hitlerianos, luego suavizada por los dólares a cambio de perder la soberanía
nacional, a que enemigos irreconciliables pudieran lucir sus pendones y estandartes y los otros pasear impunemente por las mismas calles donde estaba la misma gente a la que dictaban las leyes de su voluntad.
El momento actual donde las jóvenes generaciones claman por un cambio, puede ser fagotizado rápidamente si no se tiene presente el recuerdo de la Transición.
Por último, y argumento que terminó de convencerme antes de pactar mi remuneración económica, es que se ha escrito, divulgado, televisado y radiado hasta la saciedad soporífera, aquellos años que ven desde 1975 hasta 1979. Cuatro años que nunca han sido narrados por los verdaderos testigos y auténticos disfrutarios de la libertad democrática, legado de aquellos años.
Cuando a los pocos días me llegaron unos CD´s desde
The Adversiter Chronicle para que visionara la serie “Cuéntame”, me doy cuenta
de la ñoñez de los guionistas pero supe captar por qué las dos primeras temporadas fascinaron a un país.
Un país que hasta hace poco tiempo sus nacionales no podían sacar la bandera española a la calle: unos por defender a la prostituta uniformada que la prostituyó y los otros porque su ideario rechazaba los colores prostituidos de la patria y entre su electorado la tricolor vende más.
De repente, un éxito deportivo hace que todos seamos rojos de camiseta y azules de pantalón,
los dos bandos conjuntados y en armonía para ser campeones del mundo de fútbol.
Las dos España por fin se unen para alzar algo que no esté manchado de sangre, ni derrotas alzadas como tótem ni victorias represivas, la sangre nueva de España, su juventud, tiene sed de títulos y sangre para intentar hacer historia... Y todos a poner la bandera en el balcón porque a diferencia de en las urnas, en los bares se brinda por la victoria española como no se hizo desde la conquista de Granada entre españoles de diversas tierras de los reinos.

Mi generación es tan privilegiada como la del 15M: ellos son la generación mejor preparada de la historia de España, nosotros
fuimos la generación más libre y democrática de la historia de España, más que
la generación del 15M y es por esta paradoja que pasa desapercibida, paso inducido por el Sistema a la masa ciudadana, que tal vez merezca hacer un esfuerzo de memoria para averiguar en qué punto todas aquellas ideas, actos y sueños quedaron cortocircuitados y que la clase política se encargó de mantener y ahora trata de perpetuar siendo los abanderados de la revolución quienes
conducen a las masas al “que todo cambie para mantenernos los mismos”, siendo la foto de la mesa de negociación PP vs FAC en Asturias y las maniobras de lucha interna por acaparar el poder del PSOE a nivel nacional susdemostraciones gráficas y elocuentes.
Pero hay una razón personal, una vez asegurado el trato de pluma mercenaria, que me motiva a escribir estas “Memorias de la Transición” y es ver como siguen jodiendo la marrana a mi generación: unos atrapados en estéticas nazis y franquistas, los otros encerrados en dogmas ya sean de fe ya sean idearias, unos cuantos y
cuantas añorando una época que sólo existió en sus mentes y posiblemente unos pocos que se preguntan qué pasó.
Ahora, inmovilizado y enclaustrado, ajeno ya a la gloria y el oropel de la vida humana, agradezco a The Adversiter Chronicle la oportunidad que me brinda de volver a mi
infancia, a rememorar el ambiente de optimismo e incertidumbre donde todo era semi nuevo para los adultos, novedad para adolescentes y simplemente la vida en
crecimiento de unos niños y niñas que ahora permiten que les engañen como nos engañaron en la escuela, en casa y el sistema haciéndonos creer en los Reyes Magos.
La prueba de que es necesario recuperar la memoria es que ahora no sólo engañamos a la infancia con SSMM sino con el gordo barbudo vestido de rojo y su ridículo sombrero explotando a los pobres renos que deben volar para trasladarle.
No es el payaso protagonista ni la parafernalia lo importante, lo importante es el hecho en sí, el concepto de que para educar a la infancia es necesario engañarla para acabar de adultos siendo inductores y
perpetuos custodios del consumismo ahora que el Sistema debe reajustarse y es el
momento de ser revolucionarios.
Volvamos a ser niños, donde un balón puede ser más eficaz que la ONU para llevar alegría y concordia y ver unas niñas saltando a la comba tener más poder que 2000 años de
tradición machista y avasalladora de las mujeres por el hombre...

CAPÍTULO II

(Recuerdos del SEAT 850)
Hoy es una de esas noches...
¿Nunca os ha pasado desvelaros sin motivo alguno y estar en la cama tumbado mientras tu mente viaja al recuerdo, unas veces recientes y en otras el pasado es nítido... ?Hoy es una de esas noches... Encendí el reproductor en modo
aleatorio y el “Living on an island” de Status Quo me ha transportado en un sereno surf por las olas del recuerdo que chocaban contra el malecón de mi memoria y los arrecifes de mis sentimientos...
Tener tiempo para pensar, te hace envejecer espiritualmente. Es entonces cuando miro a mis mayores, tan mayores ya, y debo esconder mi alma para no llorar de agradecimiento.Te vuelves arisco y en realidad es que no soportas pensar en su pérdida y no verles es hacerles vivir un poco más porque cuando envejeces y te percatas de que los demás te ven envejecer, eso te mata poco a poco cada vez un poco más...
Ahora que las televisiones hacen series con los años de sus juventudes, me pregunto si mis mayores, si todos y
todas las mayores, recuerdan así sus vidas. Dicen que la mente humana destierra de la consciencia los malos recuerdos como método de supervivencia en un entorno
hostil. Escribir estas memorias es más un homenaje a mis mayores que amor a la plata por hacerlas. Yo recuerdo su mundo porque me amaron y me hicieron crecer
en un mundo digno de ser vivido...
 
Era todo un acontecimiento, no me preguntéis cómo lo sabía, pero era de esos días en que los niños se percatan de que algo pasa que se sale de la novedad. Estaba en la cocina con mi abuela, no recuerdo si estaba también el pensionista de Guarrate, provincia de Zamora, y que en navidades hacía el “baile de la botella”; una botella enorme para mi estatura.
Mi abuela me llama y me dice que tengo que asomarme a la ventana. Y recuerdo a mi padre saliendo del nuevo coche, blanco y nuevo.”
 
Era un “SEAT 850” y con él mis padres nos llevaron a mi hermana y a mi a tierras lejanas como Madrid, Granada, Córdoba... Fue un viaje inolvidable y supongo que mi fobia al sol viene del calor que pasé en Granada.
Este viaje debió de ser al año u dos de morir Franco. Recuerdo, y hay un par de fotos con mi hermana, por eso me resulta fácil calcular el año, al menos su aproximación. No guardo recuerdos de la época salvo escenas de gente corriendo detrás de los grises en el telediario.
Por aquella murió Fofó y recuerdo que lloré y pedía una y otra vez que me pusieran el casete de sus canciones para desespero de mi madre.
Recuerdo ese viaje en coche con mi madre sacando la cinta tras escuchar dos veces cada cara como el día en que me di cuenta de que estar vivo  tenía algo de siniestro y desconocido al final...

lunes 19 de septiembre de 2011

"Memorias de la Transición", por Antón
Rendueles

 
Unas memorias de Antón Rendueles en exclusiva para
The Adversiter Chronicle

CAPÍTULO III
(Aquella final de baloncesto de La Roja)
Es curioso como la mente, cuando
tienes tu cuerpo físico compuesto de extremidades superiores e inferiores, el tronco, la nuca...; inmovilizado, se adapta al encierro de un cuerpo
inmóvil...
Aquí postrado, es mi mente la que viaja atrás en el tiempo, recordando que era feliz porque los adultos de la Transición decidieron que sus hijos crecieran sin problemas.
Hoy he visto el triunfo de La Roja en baloncesto...
Notareis que doy un salto en el
tiempo pasando a los 80´s, a la primera parte de aquella década. Mi primer recuerdo con La Roja en baloncesto se remonta a las olimpiadas de
 “Los Ángeles 84”, con una URSS que boicoteaba a los yankis por su boicot a “Moscú 80”...
Y como niño, como mente en la infancia, me permito la licencia de saltar en el
tiempo...
El caso es que España en baloncesto había logrado llegar a la final olímpica contra una selección NBA de edad casi imberbe porque la URSS no permitía profesionales en las olimpiadas, que tiempos...
Tuvimos que madrugar con una tele que ya era color en su mayoría y con imágenes de textura de vídeo, la gran revolución audiovisual de la época. Por supuesto que perdimos, pero de aquella
ya éramos la élite de Europa aunque por desgracia sin espíritu competitivo, pero
inolvidable la canasta de Epi contra la URSS... Aunque no recuerdo si era en el europeo aunque sí que era una competición.
En aquella España que despertaba alucinada del 23-F, la vuelta ciclista era la reina y los campeonatos de selecciones una eterna desgracia sin oropel ni motivos para sacar una bandera al balcón que aún rezumaba sangre fratricida y era odiada por todos y utilizada por
los otros.
Recuerdo que mandé a mi padre que me despertara, él entraba a las 06:00 en ENSIDESA y me prometió despertarme. Lo hizo, pero me dormí aunque somnoliento recuerdo la entrega de medallas de plata...
Visto ahora, uno se da cuenta de que envejece, tal vez no físicamente con escándalo ni en aptitud vital, pero te das cuenta de que el tiempo ha pasado, que te quedan por ver cosas maravillosas
y que cuando eres consciente de tal maravilla, te mueres añorando las cosas maravillosas que dejarás de ver una vez cadáver...
Hoy España tiene deportistas competitivos a los que la presión les motiva en vez de bloquear. Los niños y niñas piden camisetas deportivas de las selecciones y pasean sin miedo los colores de España.
Si algunas de las personas que conocieron en persona los tiempos de la Guerra Civil, la dictadura posterior y la Transición, olvidando el tema de que Franco , su régimen, propició la creación de una clase media obrero-consumista, y quedándonos en la tragedia que creó la lucha, vieran que los españoles presumen de tales, integrados en la UE, potencia industrializada con una casta militar integrada en las naciones sin inmiscuirse en política, sé que dirían que ojalá hubieran sabido lograr todo esto en la década de los 30¨s.
Yo lo que sé es que era un niño y me sentía muy orgulloso de la selección, pero a la vez intuía, como intuye la infancia que lo observa todo pero no comprende, que no se podía presumir de ser español.
Era feliz...
Antón Rendueles

viernes 4 de mayo de 2012

"Memorias de la Transición", por Antón Rendueles

 

Unas memorias de Antón Rendueles en exclusiva para The Adversiter Chronicle

CAPÍTULO IV
(La radio)

Cuando se es está postrado se desarrolla un agudo sentido de captar detalles que antes me pasaban desapercibidos y ello trae el recuerdo…
Me ocurre con la radio. Ahora que me veo obligado a pasar largas horas en el mismo sitio he vuelto a recuperar el hábito de escuchar la radio como en aquellos años…

El primer recuerdo que tengo de la radio era escucharla desde mi niñez aunque no recuerdo los programas pero sí me ha quedado la sintonía de Radio Cadena Española, de esas musiquillas que periódicamente inundan la mente y estamos repitiéndola una y otra vez para nuestros adentros.
Pero el recuerdo nítido es de aquellas radios pequeñas, de color naranja chillón que se utilizaban para seguir los partidos los domingos por la tarde. Recuerdo llevarme mi abuelo al Molinón y verlas entre el gentío y también en aquellos viajes domingueros a la cuenca minera y ver a los parroquianos con el transistor en la oreja.
Cuando tuve mi primer toca discos, se trataba de un ·compacto”, un alarde tecnológico de la época en los primeros años de la Transición. En una sola pieza iba integrado el plato del giradiscos, el casete y la radio con varias bandas además de la onda media…
Y un pilotito verde.

Aquel pilotito significaba en mi mente la ventana a un universo nuevo y fascinante: la radio en FM y estéreo. Recuerdo el ansia de tratar de sintonizar algo y como el dial recorría, no frenéticamente pero sí ansioso como si mi dedo en la rueda de sintonización le transmitiera mi propia ansiedad, recorría sin encontrar emisora alguna. Frecuentemente le preguntaba a mi padre, carne de siderúrgica que quemaba su juventud a turnos criminales para la psique y el organismo como tantos otros padres, para cuándo se escucharían los 40 Principales, la emisora de música…

Mi padre era un manitas y me instaló dos altavoces a ambos lado del cabecero y le acopló una entrada de auriculares, los cascos lo llamábamos. Recuerdo a mi padre arañando horas de sueño en mi cama porque la ventana daba al patio de luces y no había ruidos de la calle… Cuantas veces entraba furtivamente a buscar algo procurando no despertarle y sintiendo rabia provocada por el egoísmo infantil por ver ocupada mi habitación, ciego a que papá necesitaba descansar para poder seguir proporcionándome mi inocencia feliz. Años más tarde sentí en mi propia carne lo que es arañar horas al sueño y recordaba aquellas tardes dándome cuenta por fin de lo cruel que había sido…

Por suerte la crueldad infantil no suele ser pecado, más que nada porque tendemos a enterrarla en nuestro recuerdo aunque a veces aflore. Sí siento el amor que mi padre tenía a su familia y el sacrificio que tuvo el valor de afrontar para conseguirlo.

Y es que mi padre tenía lo que entonces era una joya tecnológica: la mítica radio casete Sanyo con su no menos mítica aguja de potencia que señalaba la calidad de la recepción. Ahora se muestra como símbolo de la época y uno de los primeros productos de consumo a nivel global, globalización de aquella en clave de capitalismo y comunismo con su Guerra Fría.

Luego llegó Antena 3 y aunque seguía fiel a Antonio José Alex, al poco de que se sintonizara ya era fiel de sus locutores: El García, protagonista de conversaciones de adulto que yo escuchaba fascinado; Martín Ferrand y su inconfundible voz y que ya me caía simpático desde que presentara un tiempo la película de los sábados por la noche; Antonio Herrero y su tocayo de apellido; la voz profunda y rotunda del locutor de continuidad y el Pumares y su Polvo de estrellas que muchas madrugadas me quedaba escuchando hasta del final…


Y ahora sin poder moverme vuelvo a sentir la radio como en aquella Transición donde los niños éramos niños con el sacrificio de nuestros mayores y deseaba ser mayor para poder moverme, aquí y ahora vuelvo a los orígenes disfrutando del placer de la magia de la radio y que al igual que un libro no puede ser sustituida por un medio digital, es necesario seguir la liturgia íntima e intimista entre mi dedo moviendo el dial, sintiendo la estática entre emisora y emisora, ver como el led de sintonización se ilumina…

La Transición tuvo su noche de los transistores pero para mi la Transición tiene banda sonora de radio cuando ésta al igual que el país se adaptaba y modernizaba a los nuevos tiempos que olían en el aíre a colada recién lavada en la ventana agitada por el viento y secando al sol brillante de la libertad.
La radio me sirvió de torre de lanzamiento para caminar y ahora que ya no puedo moverme me acompaña como una mortaja confortable y serena…
Antón Rendueles