sábado, 12 de septiembre de 2020

 

GUARDIANES DE LA GALAXIA Vol. 2 (2017)
 
Nos cuidamos mucho de apartar los trastos y las faenas del turno de noche ante el visionado de segundas partes, pero seguimos picando como antaño cuando un estreno era un éxito de taquilla y se esperaba con ansia la segunda parte que siempre solían ser decepcionantes. Pero nos encantó la primera de Guardianes de la Galaxia con, ésta sí, hechuras de producto cinematográfico por el que merece pasar por taquilla, una historia de cómic de ciencia ficción rodado con ritmo, que sorprendía cada pocos minutos y que jugaba con la nostalgia de los 80´s musicales pero también con efectos especiales al servicio de la historia donde sólo nos chirriaba el rollo del dios Tanos. Así que cuando vimos la oportunidad de visionar la segunda parte sencillamente nos pusimos cómodos y aparcamos, linterna, caja de herramientas y mocho para disfrutar...
 
El elenco principal repite siendo la novedad ver al Kurt Russel en uno de sus escasos papeles donde le hinchan la cara a hostias, aquí es un poderoso ser que resulta padre del protagonista y da pie a mostrar los orígenes de los personajes. El mundo fosforito de universo de gominolas y pompas es previsible en su realidad y la trama paternal lastra el resto del metraje donde, sin llegar a defraudar las expectativas, sí que decepciona un poco comparada con la primera. Suena a algo ya visto, previsibles los desenlaces. El mejor vuelve a ser Groot, convertido en un retoño de árbol que es uno de los nuevos ganchos que enganchan al espectador, ya saturado tras media hora del rollo del Kurt Russel que parece sencillamente no creerse su personaje. Cantan algo los efectos digitales por abuso de escenas de falso horizonte pero quien nos enganchó a tragarla entera sin rechistar, sin reproches de defraudados enamorados de la primera: Nébula.
 
Dañina, perversa, cruel y con un erótico desasosiego cada vez que abría la boca, ya nos llamó la atención en la primera, subordinada a ser una de las malas de la historia, pero con cierto morbo sensual en su extraño cuerpo mitad carne y mitad metal. Pues resulta que todo era culpa de su padre que la hacía pelearse con su verde hermana y cada vez que perdía, que era siempre, su padre le arrancaba algo de su cuerpo para mejorarla en combate. Karen Gillan transmite con su mirada una sensualidad morbosa sobre el espectador. Dota a su personaje de personalidad propia en la mirada, al moverse, al reaccionar por instinto en el combate. Nos ha encantado y un acierto haber prolongado su trama, creíble y acorde a la historia sin caer en la ordinariez en que caen otros títulos en estos casos...
 
Si os gustó la primera hay que verla pero preparados de antemano para ver casi una precuela más que una secuela pero necesario para que la saga pueda fluir. Es entretenimiento, un muy buen producto cinematográfico y uno de los títulos que están a la altura del original. Chirría lo de la personalidad divina del personaje principal y hasta el mapache está como apagado limitado a ser un cascarrabias. De la tipa con antenas, bueno, mejor sin comentarios y se admite actriz de rasgos orientales como papel de sensitiva, que siempre viene bien al grupo. Hay breves instantes en que parece que estamos viendo otra de los cuatro que eran fantásticos, canta el rollo divino y el planeta de ensueño produce náuseas por infantiloide, pero prometen al final que la cosa sigue y nos tomamos esta segunda parte como un necesario capítulo de transición...
¡Y eso que el brazo metálico de Nébula parece un peligro para el miembro viril!

viernes, 28 de agosto de 2020

 

EL PRINCIPIANTE (1990)
 
Qué mejor para despedir el cine de verano que una del Clint Eastwood denostada por la crítica e incomprendida en taquilla en la que puede ser tildada de una de sus películas más comerciales, elenco de actores y actrices principales magníficamente escudados por el reparto secundario plagado de confortables rostros culpables para la retina y vehículo de promoción para actor y actriz del momento como la siempre inquietante y perturbadora belleza de Sonia Braga y un algo, por entonces, coloquetas del Charlie Sheen o la presencia de Raul Julia...
 
La crítica en 1990 seguía viendo al Eastwood como un actor rentable en taquilla que se creía director rodando panfletos pseudofascistas de violencia y justicia policial con métodos políticamente incorrectos. Lo más suave que se dijo era que todo era un refrito de cosas ya vistas en otros metrajes y sin emoción ni chicha ni limoná, el público no se encontró lo que esperaba como esperaba pero de aquella no se llevaba lo del cómic cinematográfico y esta película, sin pretenderlo en 1990, pues gana enteros con el paso de los años para convertirse en un entretenido cómic cinematográfico con toques de comedia porque el Eastwood, mostrando como director lo que parece un refrito, es en realidad un homenaje con toques de pareja de personalidades encontradas, una mirada irónica al cine policíaco sin caer en los efectismos del cine de acción que se llevaba entonces, pero sigue siendo una película incomprendida porque Eastwood sorprende riéndose de sí mismo y riéndose un poco del género.
 
Charlie Sheen no terminaba de germinar como estrella y seguía viviendo del personaje de Platoon pese a tener buenos papeles. Sonia Braga estaba en plena promoción de su carrera Hollywoodiense explotando su faceta sensual y protagonizando una deliciosa escena de violación de un maniatado Eastwood y amenazado con una amenazadora cuchilla de afeitar para castrar sin piedad si no se le levanta. La escena conserva toda su frescura y sigue siendo un ejemplo de rodar una escena de alto contenido sexual, erótico para sibaritas, sin caer en mostrar zonas del cuerpo de forma brusca, mostrar pechamen con calzador o demás típicas escenas que han sustituido a las llamas de una chimenea. Sonia Braga se baja la ídem y con el simple contoneo de piernas nos transmite su enfermiza ansia de orgasmo con un sumiso. No hace un papel promocional y su personaje es fundamental y demuestra el buen ojo del Eastwood para jugar con los instintos de un macho alfa, porque lo de que te la corten con una cuchilla de afeitar siempre nos da grima...
 
La película puede no gustar si se es seguidor del Clint Eastwood y se espera sus típicos roles de tipo duro pero sensible, pero quienes gustamos del Clint Eastwood cineasta que aprendía de cada nuevo rodaje, que siempre supo dar esa tecla que se espera de tu actor o actores favoritos sí sabemos paladear al Clint Eastwood que se ríe de sí mismo y cumple con la tarea encomendada. La película es lucimiento del reparto y si bien es cierto que la historia está trillada o resulta previsible si no se valora la forma de contarlo, lo que realmente falla una vez más es la presencia de Lara Flynn Boile, que no se le niegan sus méritos en series televisivas pero que cada vez que rodaba una película era algo gafe para la taquilla. Es el único personaje que cuesta digerir y que tiene su momento de gloria cuando mata al malo pero ni siquiera es creíble en ese papel...
 
Previsible, anómala o simplemente un fiasco, pero vista hoy refresca mucho y si os gusta el Clint Eastwood pasa como con la manteca de cacahuete, que si vas ciego te parece mierda y si tienes hambre es un auténtico manjar.

sábado, 22 de agosto de 2020

 

MAD MAX (2015)
-Furia en la carretera-
 
Si la película se titula Mad Max, la dirige el tipo que dirigió las tres de la saga Mad Max y el protagonista se llama Mad Max, pues resulta que no se trata de una película de Mad Max, en parte porque el Mel Gibson siempre será el único y genuino Mad Max y en parte porque uno de los aciertos es que las similitudes con la saga original se queda en el nombre del protagonista masculino y unos cuantos cameos de objetos de la saga en forma de homenaje y guiños a las y los espectadores seguidores de la saga. Pero pese a los miedos de encontrarnos un refrito actualizado y podre como otras actualizaciones de otros títulos de los 80´s, no dudamos apenas un instante en aparcar los trastos de faena, dejar las tareas para los pringaos del turno de día y dispusimos los consabidos pistachos, ganchitos, palomitas y birras para disfrutar de Mad Max...
 
George Miller dirige con soltura lo que podría ser un anexo, un cómic visual lo es sin duda, en el mundo post apocalíptico pero a diferencia de la saga aquí es un mundo con restos de tecnología pero sin horizontes, no hay una Sidney a oscuras donde brillan las hogueras de generaciones contando a otras la historia, no hay negociudades con simulacros de sociedad, hay un dictador de tinte norcoreano en sus gustos de ordeñar matronas, preñar vírgenes, adoctrinar en el culto al paraiso del guerrero a la juventud y jugar a ser dios inmortal porque controla la única fuente de agua potable en mil kilómetros a la redonda si no eran más, porque el desierto es omnipresente aunque chirría el páramo helado y oscuro más de una película de espadas y dragones que de los páramos del mundo post nuclear...
 
El comienzo es un frenesí tras una somera presentación del reino del malo de turno, un tipo enmascarado y de aspecto harto repugnante rodeado de una corte de psicópatas fanáticos y una plebe a la que domina por medio del control del agua potable. No le falta un arsenal de vehículos restos de otros canibalizados. Lo cierto es que nos preguntamos a posteriori de dónde sacaban esas motazos y cochazos si el mundo que se nos presenta es bastante retrasado tecnológicamente, pero te lo preguntas al final del metraje porque el protagonista, Max, vive un sin vivir y un no parar ya sea como mascarón donante de sangre fresca, de apurado en apuros desconcertado ante la Charlize Theron y su muñón en lugar de brazo. Tom Haldy cumple el trámite porque no es una imitación de la interpretación del Mel Gibson y porque este Max no es Mad Max, es un superviviente que sabe que tras el horizonte sólo hay más páramo pero que ve un atisbo de humanidad que tal vez le redima de lo que es...
 
Y jamás un muñón fue tan sexy ni Charlize Theron tan sensual en un personaje áspero con cara de malas pulgas, de aspecto masculinizado que no apaga su mirada que enamora a la cámara y nos hizo soltar alaridos de machos alfa y lluvia de pistachos a la pantalla cada vez que el plano de su mirada eclipsaba al resto. Parece un papel lineal como el de su pareja masculina protagonista, pero sabe darle toques humanos a un personaje duro, forjado en la esclavitud y la brutalidad pero que sueña con regresar a su hogar de mujeres libres y un vergel verde por paisaje aunque sólo para despertar en la dura realidad del páramo...
 
Pero el que nos gustó y encantó es un apenas conocido por estos lares del Nicholas Hoult en un personaje que es un miembro de las juventudes hitlerianas, versión páramo post nuclear, que adora a su jefe de tribu como si fuera Dios y que busca morir para ser eterno en el paraiso de las juventudes hitlerianas versión páramo post nuclear y que le recuerden por su hazaña cual kamikaze convertido en flor de cerezo tras su muerte en combate. Pero es un personaje profundo que el truhán del George Miller nos cuela como que no es la cosa. Vive una transformación que la interpretación a base de miradas con o sin levantamiento de cejas, muecas con la boca y miradas penetrantes con toques de mimo dota a un personaje secundario en personaje principal donde se siente que tenga que morir...
 
Si comparamos la película con la saga, sale perdiendo porque sólo sería la persecución del camión de gasolina de la segunda película de la saga pero es que sencillamente es algo distinto en el mismo mundo. Es una película que hay que ver como comic visual o película con estética de videojuego donde ofrece lo que se espera pero defrauda si se espera algo. Hay que olvidar a Mel Gibson y la saga para recibir sin prejuicios ni falsas esperanzas lo que es una película de acción en persecución con guiños al espectador y un producto que te deja indiferente cuando termina. Te quedas con la Theron y su muñón, una noche de amor con su prótesis puede ser de amputación traumática del miembro viril, y te preguntas donde hacen el mantenimiento de los vehículos. No hay florituras filosóficas de Arcadias futuras y sí muchos mamporros, trastazos y hostiazos...
Al menos los volantes están en el lado correcto si no eres australiano.
 

jueves, 6 de agosto de 2020

 

THE EQUALIZER (2014)
 
Nos gustó la inquietante Training Day y entre las calurosas noches de agosto y que los suplentes de vacaciones no rechistan por miedo a que no les metan en la bolsa de trabajo, aparcamos los bártulos para el visionado de otra peli del Antoine Fuqua y con el Denzel Washington de nuevo de protagonista aunque en esta ocasión es el bueno y no el depravado y corrupto oficial de policía en narcóticos de la mencionada primeramente. El resultado es la sorpresa de encontrarnos con un título dentro del subgénero de justicieros, de hombre de pasado desconocido que comienza una nueva vida y que por diversas circunstancias acaba siendo un justiciero de la noche. Lejos de ser una serie B al estilo de los justicieros de los 80´s, es una película con pátina de gran producción y tal vez injustamente tratada por la crítica...
 
La saga de justicieros nocturnos y urbanos tiene unas reglas no escritas que logra que, quienes gustamos del subgénero, veamos una buena película de justicieros y los que no, ven una castaña. Aquí al menos nos ahorran la típica motivación de que hayan violado y asesinado a su mujer y retoños, aquí vemos a un anodino y casi autista honrado trabajador de un centro comercial en el departamento de carpintería y bricolage. Gusta de leer un libro mientras toma un café y conoce a una joven descarriada que ejerce la prostitución. Entablan amistad fingiendo normalidad hasta que la cruda realidad aparece en forma de mafiosos proxenetas que dan un castigo ejemplar a sus compañeras explotadas y le meten una soberana paliza que la lleva al hospital. Denzel sabe que vive en un mundo de mierda porque lo que nadie sospecha es que es un subproducto de la Guerra Fría, de operaciones encubiertas donde matar es normal y decide que si bien no puede salvar al mundo, a la ciudad y a sí mismo pese a su fachada de honrado currante, decide hacer justicia para quienes conoce...
 
El malo de turno es la mafia rusa, una mafia rusa que come el terreno a las mafias habituales y oriundas como los irlandeses. Son rusos de malas caras, acostumbrados a la violencia pero Denzel ajusta cuentas sin desangrarse y el jefe mafioso de Moscú envía a su especialista en resolver entuertos de mafiosos. Un Marton Csokas que infunde a su personaje el contrapunto y reverso del espejo del personaje asesino de Denzel. Infancia sufriendo los rigores del añejo sistema soviético, adoptado con cinco hermanastros y ante el temor de perder el cariño de sus padres adoptivos decide matarlos a todos comenzando su carrera de asesino de la mafia rusa. Pero meterse con Denzel en el centro comercial y en su sección de bricolage brinda un festín de eliminaciones traumáticas con objetos a la venta, desde el basto y brutal mazo de cinco kilos a la inefable clavadora de clavos pasando por el alambre de cercar.
 
Digna película representante del subgénero que cumple los cánones del mismo, un buen pulso de dirección con esa magia de prestidigitador del Fuqua, de la que ya hizo gala en Training Day. Como estrella consagrada que es de Hollywood el Denzel sale en todos los planos con buena réplica del Csokas y los actores secundarios Bob tienen pinta de rusos, fuman como rusos y se mueren como rusos. El plantel femenino es anecdótico y el erotismo se reduce a ver a la chica tomando un café. Para frikis de los homenajes decir que hay varios pero nos quedamos con el homenaje a Marlon Brando en Apocalypse Now cuando el personaje de Denzel Washington habla con el villano del Csokas apagando y encendiendo la lámpara recordando al eterno coronel Kurtz...
De esas películas que ves una vez y ya no vuelves a verlas más que de pascua en ramos.
 

jueves, 30 de julio de 2020

 

SICARIO (2015)

 

Hay noches en que el curro no permite tiempo para ver una película completa, ya sea porque hay curro fuera de la rutina nocturna o bien que la película sea una castaña y sea preferible estar currando que ver un bodrio cinematográfico. Con esta película nos ocurrió la primera y sólo pudimos apreciar el inicio y le sumas que el director está de actualidad por que firma la nueva versión de Dune. Plantel solvente tanto a nivel de popularidad como de taquilla con el Josh Brolin y un Benicio del Toro sin olvidar la turbadora belleza de Emily Blunt. Además lo del turno de día son suplentes por vacaciones y nada mejor que dejarles también la tarea nocturna y así se foguean y cogen experiencia laboral...

 

El canadiense Denis Villeneuve dirige con solvencia el guión de Taylor Sheridan. Director solvente que se gana un sitio en la industria, solvente para los productores que ven plasmadas sus directrices, solvencia con el público que paga por un muy correcto producto cinematográfico y solvencia a la hora de dar espectáculo cogiendo un poco de Traffic, un poco de hazañas bélicas en los desiertos de Afganistán, un moderno y crepuscular western en su variante fronteriza donde los caballos son ahora imponentes autos y furgonetas , los trenes de las praderas son túneles clandestinos que permiten el paso de droga de un lado a otro de la frontera y los indios son los ciudadanos y los vaqueros honestos representantes de la ley. Que el Villeneuve no haya hecho una castaña dice mucho de su grado ascendente en el oficio pero sin embargo falla algo...
 
Y falla lo inevitable, con duros veteranos reconvertidos a ejecutores de operativos clandestinos, la prota se debate en tribulaciones sobre si lo correcto consigue más en la lucha contra las drogas que si se hace lo incorrecto e ilegal. Aquí el rostro de Emily Blunt es apropiado pero la actriz defiende su interpretación y la dota de matices que no dejan de ser muecas en su rostro, un personaje que se debate entre ser una mujer rodeada de aguerridos machos alfa, soportar las burlas de cómo le queda el sujetador y ligues que fracasan. Como le escupe el Benicio, no es una loba y ahora la frontera es tierra de lobos. Al menos no vemos la típica protagonista que para estar a la altura de los machos alfa tiene aires de marimacho, pero su rostro y las tribulaciones de su personaje no le permiten quitar la cara avinagrada en todo el metraje.

 

Falla el bueno del Josh Brolin por demérito de un personaje que seguramente nunca llora sino que suda y que mea napalm cuando se levanta, ya sea en la cama, la parte de atrás de una furgoneta o en sofá de un avión. Encorsetado en tópicos de tipo duro que se le empalma cuando hay fregao y que cuando quiere consolarte te llama imbécil y te da una patada en el culo, verbalmente en este caso. El Brolin hace lo que puede pero resulta una interpretación de muecas y miradas más digna de Michael Keaton, pero nos gusta haga lo que haga y gana peso de estrella en cada trabajo...

 

Lo más interesante del batiburrillo de pinceladas que componen la trama es la historia del Benicio del Toro, un tipo que hace una y otra vez el personaje de mexicano honesto entre corruptos pero logra dar personalidad y peso al resultado final. La escena con el narco y su familia en la cena es fantástica, cruel, rápida y dolorosa. En conjunto, incluyendo visión subjetiva con gafas
de visión nocturna, es una película que se deja ver y se ve aunque a veces la mente se te vaya por peteneras y al final queda esa agridulce sensación de que le falta algo,
esa chispa que te hace enamorarte, pero como buena película de frontera es áspera, los malos tienen familia, sentimientos y los buenos tienen dudas, tienen miedo...

Hay que verla pero nos deja insatisfechos del resultado final.

martes, 21 de julio de 2020

 

TRAICIÓN SIN LÍMITES (1987)

 

No se podía dejar pasar la oportunidad de visionar una película dirigida por el siempre solvente del Walter Hill, con un pletórico Nick Nolte en duelo interpretativo con Powers Boothe y la presencia de María Conchita Alonso cuando se abría paso en Hollywood sin olvidar el guión basado en una historia escrita por John Milius y Fred Rexer y la producción de la mítica Carolco Entertainment. Es además una película que soporta el paso del tiempo y se deja ver. Si la palma, en lo que a narcotráfico se refiere en su estreno, se la llevaba Pablo Escobar, esta película ya hablaba de la incipiente escalada de entrada de droga procedente de México y de paletos granjeros que se dedicaban a cruzar la frontera con alijos de droga para no perder sus granjas ganando dinero de una manera rápida...

 

Un rudo y honesto sheriff de una localidad fronteriza con México que se ha convertido en una cloaca donde impera el tráfico y venta de droga con la consiguiente violencia entre bandas por ajustes de cuentas. Un tipo atribulado porque su muy mejor amigo de la infancia con el que iba a cazar venados, y que hasta perdieron la virginidad a la vez en un granero con la misma chica, era ahora un narcotraficante sin escrúpulos. Encima el sheriff tiene una relación sentimental con la que fuera primero chica de su corrompido amigo de infancia y adolescencia, con horarios incompatibles para un sheriff de Texas y una cantante en garitos de pachucos, casi una tragedia griega y subgénero de película de frontera crepuscular de realismo gris, los malos lo son por las circunstancias, antiguos niños compañeros de juegos pero corrompidos por la influencia del narcotráfico...

 

Por otra parte llega a la localidad un grupo de veteranos de operaciones encubiertas en los escenarios de la Guerra Fría y que oficialmente el Pentágono ha declarado muertos en combate con sus restos inidentificables enterrados. Su jefe es un oficial oficialmente muerto durante la evacuación de Saigón que les dirige en una operación de hacerse con documentos del narcotraficante amigo del sheriff vitales para la seguridad nacional. El plan es simular un atraco al banco el día que se ingresan los maletines con la recaudación del narcotraficante para ocultar el robo de documentos por el robo del dinero a ingresar. Veteranos que se preguntan porqué una operación en su país donde puede haber muertes, que no dudan de su jefe, irónicos y descreídos que saben hacer su oficio pero ya no creen del todo en lo que hacen.

 

En otras manos y otro reparto hubiera salido una castaña, pero son pequeñas historias dentro de la historia principal, sin ñoñeces, de cuerpos que transpiran y ropa sudada, violencia rápida y cruel sin tiempo a tiroteos espectaculares, son cortos y letales, de ambiente duro de frontera donde los sueños se olvidan. Un conjunto donde el Nolte dota de sensibilidad un rostro pétreo, el del tipo normal que debe ser duro en su trabajo sin tiempo a arrumacos y cucamonas con su chica, aún amigo de quien lo era suyo pero sabedor de que deberán enfrentarse a muerte siendo la chica una pieza más de la apuesta pese a que el viejo amigo se ha vuelto loco y paranoico, solitario entre su chusma de ejército privado al que viste como bandoleros de Pancho Villa. Pero sólo el sheriff conserva la ilusión que ya se ha evaporado en las vidas del narco y de los miembros del comando...

 

Pese a que el personaje de María Conchita Alonso es metido con calzador para disimular su promoción dentro del sistema de Hollywood aunque vital en la historia entre los dos amigos, hipnotiza a la cámara y la escena en que enseña tetas saliendo de la ducha encaja de forma natural y no forzada como sucede en otros casos con otras actrices. Dota al personaje de entidad propia y es buena compañera de plano del Nick Nolte. Michael Ironside hace otro de sus personajes cínicos que te pueden joder la existencia sin que lo sospeches y los secundarios con sus matices dejan de ser tales en una película que termina siendo coral en su conjunto, acierto tanto del director como del guión que el espectador agradece...

Para recordar si hace tiempo que no la veis y para descubrir para las nuevas generaciones digitales.

jueves, 2 de julio de 2020

 

EL PUENTE DE LOS ESPÍAS (2015)

 

Hay películas cuyo conjunto artístico y temática nos atraen como moscas, dentro de los gustos de cada una y cada uno por supuesto. Para el equipo de cata cinematográfica del turno de noche que nos pongan una película con el Spielberg a los mandos de la dirección, el Tom Hanks de rutilante estrella protagonista, un Oscar al mejor actor de reparto, género de espías ambientada en el Berlín de la construcción del Muro y el derribo del U2 de Gary Powers y basada en hechos reales y que dura más de dos horas, fue fichar y ni pasar por el vestuario, directamente nos hicimos con birras, pistachos y cuenco de palomitas porque estaba claro que habría tertulia hasta la hora de fichar para salir...
 
A estas alturas de su historial no es que esperemos mucho del Spielberg acomodado a películas gazmoñas que cubren gastos dejando propinas de buena taquilla gracias a un público que creció con su época dorada y ahora llevan a sus retoños, películas blancas que sin renunciar al realismo ni culpar a nadie siempre son agradables de ver y la crítica le prodiga premios y reconocimientos. Cuando empezó y en su época de los 80´s, Spielberg hacía películas que veían la juventud y recomendaban a sus padres, ahora son los padres quienes esperan sus estrenos y recomiendan a sus hijos. Pero hay que ver sus obras aunque luego defrauden un poco pero no es demérito del producto final, es que Spielberg ahora rueda buenas películas con todas las virtudes de su estilo pero no enamoran, ya no nos enamora como antes y asistimos a sus estrenos, con algunos años de retraso, para verle en su oficio, recordar su juventud y resignarnos a las ñoñeces que ambienta ésta su etapa actual.

 

Tom Hanks es el reverso anglosajón de Alfredo Landa a medida que cumple años. Se desenvuelve en la comedia y el drama a partes iguales, llena la pantalla con su rostro y sabe sacar cualquier emoción que requiera el personaje. Aquí hace un ejercicio de interpretación donde saca a refrescar su vena de comedia, género que dominó en sus inicios, pero la combina con su vena dramática. Su rostro, con el paso de los años y asumiendo que es inevitable, Tom Hanks logra estar conversando seriamente y que su rostro refleje a lo lado de la conversación con simples y sutiles muecas y arrugas en el ceño imprimir la ironía, el sarcasmo, la verdad y el riesgo que siente el personaje cuando conversa. Nos ha encantado, se le ama y se le consiente lo que sea, y otra cosa es que luego nos guste más o menos la película en conjunto.

 

El otro pilar interpretativo es el galardonado por su trabajo del Mark Rilance, un trabajo casi de mimo ya que su gestualidad dota de melancolía rusa a su personaje. Es casi un trabajo teatral que se agradece en estos tiempos de cromas y efectos digitales como base de la interpretación. No es fácil dotar de personalidad a un perfil de personaje que se muestra casi autista ante los acontecimientos, de fatalidad existencial cuando sabe que si le reciben los suyos con un abrazo será que reconocen su trabajo pero si le meten al asiento trasero será que le espera un duro interrogatorio y puede que el gulag en el mejor de los casos. Un ciudadano soviético que se sacrifica por la gran madre patria...

 

La historia permite a Spielberg jugar tanto como con la época como con la ambientación plasmando imágenes icónicas del Muro aunque con algunas licencias. Lo malo es que para quienes la Guerra Fría está en las mismas coordenadas que las guerras púnicas se quedarán sin captar los matices que hacen confortable la película. Para aficionados al cine y la literatura de espías de la Guerra Fría echarán en falta más acción de espionaje y menos rollo de temática judicial. Da la impresión de que Spielberg ha comprimido la historia. Hay un claro mensaje de que la Justicia en EEUU es tal incluso para sus enemigos, con un juez que es claramente anticomunista pero que por sorpresa conmuta la pena de la silla eléctrica por espionaje. El otro puntal es el gremio de abogacía que aunque sean abogados de éxito en lo suyo, se ponen al servicio de la justa justicia. Un truco del Spielberg que chirría un poco. Otra cosa que chirría es el tema de la preparación de pilotos de U2 que no es ni verídica ni creíble...

 

Película con sitio propio dentro del género, un estertor toda vez que todo un género de espías se acabó con el colapso de la URSS. Nos queda la sensación de que podría haber salido mejor y es el precio de tener el favor de público y crítica: falta de frescura, falta de las sorpresas que nos enamoraron del Spielberg y le queda pendiente esa película de genero bélico que sorprenda y enamore como lo hizo En busca del arca perdida o El color púrpura. Película para amantes del género, buen producto de entretenimiento y reiterar esa sensación de que una vez más el Spielberg nos deja buen sabor de boca pero poco saciados porque se esperaba su toque de genialidad en el plato...

Se puede ver pero no enamora para ser del Spielberg.

viernes, 26 de junio de 2020

 

DUEÑOS DE LA CALLE (2008)

 

Hay todo un subgénero dentro del cine policíaco como es el de la corrupción dentro de los cuerpos de policía estadounidenses donde hay dos departamentos, donde decir asuntos internos, es echarse a temblar el más aguerrido de los miembros, con perdón, de la policía. Hay dos cuerpos míticos, el NYPD y el LAPD de Nueva York y Los Ángeles respectivamente, luego están los de Detroit, San Francisco, Chicago u Seattle, pero los míticos son los dos primeros. Un tema candente por las recientes muertes de ciudadanos de raza negra, un actor que nos gusta y que se había encasillado en personajes místicos junto con un guión firmado en equipo por el James Ellroy y autor del libro en que se basa el guión. Excelentes motivos para pasar del curro y disponer la mesa con birras, pistachos y tele gansa de la sala de reuniones...

 

El universo de James Ellroy está presente pero alejado del periodo de posguerra y crímenes atribuidos a pachucos, pero tenemos al policía que asciende por sus métodos y capacidades de seguir órdenes de superiores que deciden al margen del sistema judicial dónde y a quién hay que hacer justicia, que forma parte de una hermandad pero no es considerado un igual porque algo dentro de su alma late con honestidad, sabedor de que es un buen policía y fatalmente confiado en su superior que sólo ve un buen matón al que hacer cumplir ejecuciones. Keanu Rives no es un poli apuesto, está fondón, le gusta lo que hace pero vive atormentado por la muerte de su mujer que se la pegaba con un tipo que la dejó tirada sin asistencia a la puerta de urgencias tras darle un jamacuco en pleno fornicio. Encima, su muy mejor compañero muere tiroteado y le acusan de tener algo que ver lo cual le llevará a buscar la verdad y encontrar la misma por el camino...

 

En su estreno fue bastante fusilada por la crítica y cierta parte del público que le gusta el cine de acción pero no sabe apreciar las esencias de una buena historia de polis corruptos y ambientes barrio bajeros. No hay protagonismo femenino porque es un ambiente de machos alfas, de brutos con placa sin lugar ni al erotismo ni a las relaciones salvo cepillarse a alguna por morbo y luego matarla. Es verdad que casi sabemos lo que va a ocurrir pero el conjunto logra que queramos saber qué va a ocurrir. Los aciertos son varios, empezando por el guión que sigue las reglas no escritas y vistas tantas veces, mezcla por momentos diversos estilos, de dos que no se tragan ni se gustan pero acaban investigando juntos y en equipo, pero hay giros de muertes y de diálogo que hacen de esta película una digna representante del género. Los actores principales llenan el plano y sabemos de sobra quienes son los corruptos de verdad y nos da rabia que el Keanu Reeves sea un inocentón que se traga los camelos del Forest Whitaker...

 

Para frikis, tiene papel secundario el doctor House y parte del final amargo de la película, y lo que más nos chirrió, porque entre la imagen televisiva que tenemos de Hugh Laurie y el amargo final de que en realidad los jefes siempre necesitan de sus matones, pistoleros en realidad, y que a rey muerto, rey puesto; pues el final parece un final abierto de cuando de episodios pilotos de serie televisiva se hacía un estreno cinematográfico, pero es sólo una sensación porque como buena representante del género no tiene ese final feliz que tanto gusta: mueren los buenos, dirigen los malos y el protagonista es alguien que es llevado por los acontecimientos de una realidad que cree controlar pero es él quien es controlado por todos de una u otra forma. El trato a los ciudadanos negros no es descafeinado y los tiroteos carecen de ese ritmo trepidante y tremebundo que tanto gusta también, los disparos son pocos y suelen ser certeros.

 

La recomendamos para reconciliarse con el Keanu Reeves si os saturó en la saga Matrix, buena película y decadentes secuelas con ínfulas de saga cinematográfica. Si os gusta el James Ellroy es una historia confortable y si os gustan las ñoñeces, la acción tremebunda o los asesinos psicópatas no es una película recomendable. Si os gustó Sérpico y Payback, es de las de recordar dentro de la categoría de cine negro, subgénero cuerpos de policía corruptos. No es película de premios, grandes taquillazos y excelentes críticas con mejores recaudaciones, es cine negro con una historia del James Ellroy, es cine de amantes del género donde sus aciertos logran que se la indulte por sus fallos, que en el fondo no son tantos.

viernes, 5 de junio de 2020

 

MEN IN BLACK III (2012)

 

Existe todo un subgénero con el tema de las terceras partes. Si dice el dicho que nunca segundas partes fueron buenas, las terceras suelen ser en su casi totalidad dignas de la hoguera pese a que tenían su público. Pero no tienen nada que ver con la moda actual de las sagas, en su tiempo la saga cinematográfica de 007 era la única que soportaba terceras y enésimas partes, hay que citar El Padrino III que pese a todo sí suelta tufillo a desgaste. Así que nada mejor para aparcar los trastos y ver cine que la oportunidad de visionar entre birras y pistachos esta tercera parte que cumple todos los requisitos de las mismas pero que supera a la segunda parte de este título...
 
La frescura, dinamismo y socarronería de la primera estrenada, en un ya lejos 1997, se había perdido en su mayor parte con el estreno de la segunda en 2002, siendo un relativo éxito pese a que tenía todos los vicios de las segundas partes: repetir la historia, repetir protagonista y tratar de ser original en un par de detalles que no se logran nunca. Pese a todo es un título mítico y resultaba curioso ver esta tercera parte ya distante de su estreno y sin pretensiones como espectadores de nada, simplemente pasar más de hora y media disfrutando del cine. La gracia está en que, siendo lo mismo, nos lleva por los siempre enrevesados y a veces incoherentes parajes de los viajes en el tiempo, concretamente al día del lanzamiento del Apolo XI en su viaje a la Luna...

 

Luego está el acierto de poner al personaje que interpretaba Tommy Lee Jones de joven, interpretado por Josh Brolin que es de esos actores con talento que nadie recuerda en papeles de juventud pero a los que el paso de los años y las arrugas en la piel se hace un hueco como estrella porque empatiza con el respetable y se come el plano, con rostro que inspira confianza y repelús a partes iguales y dotado para dotar de comedia sus interpretaciones. Will Smith es el de siempre y aunque por él no pasa el tiempo en la trama, sus muecas, gestos, frases y piruetas resultan reconfortantes.
 
Y luego del luego, con permiso de la siempre divina Emma Thompson, está Alice Eve que se come la cámara, el plano, a quien tenga escena con ella y que dan ganas de comerla y pedir otra ración. Apenas sale pero la recuerdas el resto del metraje mientras las escenas pasan pero estás obnubilado con ella, su peinado cardado a los sesentas. Han tenido que darle poca cancha porque eclipsa a todos los actores, afortunadamente no comparte plano con Emma Thompson que nos hubiera provocado un cortocircuito neuronal al tener que elegir entre ambas, aunque valdrían ambas ya que interpretan al mismo personaje. Y sin lascivia o carreras al baño para alivios fugaces, te conquista por su belleza, su mirada...

Su todo.
 

Entretenida que en apariencia es distinta y se desmarca cuando en realidad es más de lo mismo con el atractivo, que no todas las edades saben apreciar, de reírse un poco de los sesentas con una buena ambientación de la época. Cobra actualidad por el lanzamiento de la primera nave que nos lleve de nuevo hasta nuestro satélite y el reparto es solvente, la dirección tiene firme el pulso y te ríes un par de veces mientras sonríes unas cuantas. Ideal para hippies trasnochados, infancia adolescente casi o, como en nuestro caso, escaquearse un par de horas del curro.

martes, 26 de mayo de 2020

 

RESCATE EN EL MAR DEL NORTE (1979)

 

Volver al curro tras semanas de confinamiento es la mejor excusa para aparcar trastos y sentarse a disfrutar de una película entretenida que es de las que según pasa el tiempo gana en calidad, cosa que sucede con muchos títulos de la época entre la segunda mitad de los 70´s y al comienzo de los 80´s. Películas con elenco solvente y oficio detrás de las cámaras con pulso narrativo algo tambaleante en ocasiones pero que suple la falta de dinero con dosis de humor y pizcas de ironía cuando no el reírse de sí mismos, cóctel agradable al paladar para degustar con tranquilidad y la única pretensión de pasar una par de horas entretenidas...

 

El guión lo firma el autor de la novela en que se basa y está dirigida por Andrew V. McLaglen con pulso televisivo en ocasiones pero resueltas las escenas con solvencia. Es 1979 y Roger Moore está en la cresta de la popularidad, y encasillado ya, gracias a la saga de 007 y previamente popular gracias a la televisión. Está acompañado por otros dos grandes de la época, grandes como actores de cine y grandes en popularidad, un James Mason de venerable almirante que con una mueca ya expresa sentimientos y un Anthony Perkins que hace olvidar su eterno personaje de Psicosis porque interpreta a otro personaje atormentado y deshumanizado en su papel de terrorista. La trama es simple con un secuestro de una torre petrolífera en el Mar del Norte donde el gobierno británico debe recurrir a un contratista a sueldo de la aseguradora naviera. No falta la amenaza de bomba, asesinatos gratuitos y psicopáticos así como escenas bajo el agua tan en boga de aquella.

 

En el momento de su estreno no fue valorada en su plenitud siendo vista como un sucedáneo de 007 en plan chusco, digamos. Pero es todo lo contrario, Roger Moore se ríe de sí mismo en un personaje con pintas de barbudo escocés que a la mínima ocasión le mete un par de lingotazos a la botella de wiskorro que por algún extraño arcano siempre tiene a mano. Misógino, hoy sería linchado por el feminismo radical, que considera a la mujer incapacitada para todas aquellas tareas que no requieran usar la plancha, el costurero, el horno de la cocina o poner la lavadora. Experto en contra terrorismo que trata a sus subordinados como si fuera un capitán ballenero en un buque negrero y que no tolera otra opción que sí mismo como única opción viable y enfurruñado porque el gobierno lo dirige una mujer. Hay que tener en cuenta que la Thatcher acababa de tomar el mando como primera ministra y la mujer comenzaba a dejarse ver en puestos de mando y responsabilidad vetados hasta entonces para las féminas.

 

Roger Moore está soberbio en sus muecas y lo de su empresa de contratista de defensa que se dice ahora es de traca. Tras conocerse el secuestro monta un escenario a base de un entramado de andamios con pinta de poco seguros y con un par de lonas y cuatro escaleras de pintar de toda la vida ya tiene montada una réplica del barco de suministros de la plataforma donde está el grupo terrorista liderado por el Perkins. La escena en el tren con la mujer fumadora, sus cuchufletas irónicas a la subdirectora de la plataforma, su confusión con la chica de la tripulación y la chulería con la que trata a todo el mundo unido a una autoconfianza digna de un cabezota escocés logran que Roger Moore haga olvidar a 007.

 

El James Mason está soberbio en su papel de máximo almirante que se ve tratado como un grumete por Roger Moore, pero el Mason infunde a sus personajes una solidez y una credibilidad con sólo arquear las cejas. Es cierto que vista hoy ha quedado desfasada en cuanto a ritmo y acción, pero son personajes que hacen olvidar a otras interpretaciones, algo que lograron como nadie las producciones británicas de la época. Es una película con encanto que vista décadas después gana enteros como pieza de un género que estuvo en boga en aquella etapa de la Guerra Fría donde había organizaciones criminales ajenas a la misma o como el personaje de terrorista del Perkins, alguien sin ideología ni ideales, posiblemente miembros de la secreta en la RDA, algo que visto en 2020 donde el peligro es terrorista islámico, un virus o la crisis de un sistema, aquellos eran buenos tiempos porque se sabía quienes eran los buenos, los malos y los renegados...

Ideal para recordar a tres grandes actores cinematográficos que eran además populares para el público.

viernes, 15 de noviembre de 2019

 

LA MOSCA (1986)

 

Una de esas noches de curro que invitan al escaqueo ante un exterior hostil de temperaturas y climatología para trabajar y necesidad de reconfortante calor de calefacción a caldera, que si los del turno de día llegan y hace pelete protestan, que invita a tirar mochos, caja de herramientas, linterna y tolete aparcados para degustar unas buenas birras con pistachos disfrutando del placer del cine. Un tanto saturados de imágenes sintéticas, apetecía en noche de mil demonios con rayos, truenos y casi ventisca ver una de ciencia ficción y elegimos esta, vanguardista en su estreno, versión ochentera de un clásico de la ciencia ficción: La Mosca.

 

Y es que la década de los 80´s vivió en el género de la ciencia ficción una revisión de títulos míticos de los 50´s, y hay que citar a La Cosa, siendo el titulo de hoy una revisión que cumple los requisitos de toda buena versión: espíritu original pero adaptada a la era de la versión sin perder el original, mejora de los efectos especiales y una pizca de originalidad tanto desde el punto de vista del guión como de la dirección. David Cronemberg siempre gozó de buena crítica y al público ignorante de los misterios de la dirección cinematográfica le gustaban sus películas y pasaban por taquilla para regocijo y placer de los productores. Además era la plenitud del consumo de vídeo doméstico y eran títulos que se alquilaban para ver de nuevo en casa siendo un producto rentable.

 

Hay un detalle que nos hizo tertuliar al final del visionado, nada menos que la visión del futuro de la informática que ofrece la película. Un ordenador que reúne lo que se creía que sería el futuro inmediato: inteligencia artificial aplicada a la computación y comandos de voz como interfaz. Nos saltaron lágrimas de nostalgia viendo los planos de la pantalla del computador que fascinaban en su estreno y no deja de ser una mirada furtiva a la época, su estética y sus valores que trataban de ser progresistas y emancipadoras para la mujer. Así el personaje de una joven y sensual Geena Davis, aunque ya muestra claros signos de emancipación sí que muestra clichés como estar a la sombra de un hombre, su jefe y ex- amante y el científico...

 

Una periodista que trabaja para una revista de divulgación científica y con cuyo director tuvo una relación erótico-festiva, conoce a un tipo que afirma que le puede mostrar en su laboratorio el reportaje de su vida y un invento que cambiará el mundo y la sociedad: una máquina de teletransporte de la materia. La cosa funciona con un par de cápsulas y funciona bien con materia inorgánica, pero el computador se confunde con la materia orgánica siendo un mono de laboratorio la prueba al aparecer en la cápsula convertido en una grotesca forma de vida y sufriendo como un perro. Mientras ella trata de finiquitar definitivamente con su ex-pareja y director de la revista, el científico, emborrachado por celos, se arma de valor y se somete al teletransporte sin percatarse de la compañía de una inoportuna mosca que hace que los ADN se mezclen en el resultado teletransportado dando lugar a una serie de cambios en el organismo y el carácter del científico...

 

La película tiene momentos deliciosos como el diálogo de la chica tras una noche laaarga de fornicio donde el científico quiere más y ella le dice que no debe quedarle ya una gota de semen; lo cual hizo que llovieran cáscaras de pistachos y latas de birra sobre la pantalla entre alaridos y aullidos de machos alfa porque la Geena Davis está fermosa y en plenitud de lozanía juvenil. Detalles de película de serie B que encajan con maestría rindiendo homenaje unas y con humor en los diálogos. El Goldblum está en plenitud de belleza varonil cultivando ese personaje suyo de siempre un tanto abstraído, de físico impresionante que encaja en el espíritu sensual de Geena Davis. Hay que citar a John Getz que borda el personaje de jefe y buscador de sexo deportivo químicamente puro pero sin perder el olfato de editor ante un artículo bomba. Un trío que encaja e interpreta unos personajes ajustados pero llenos de matices gracias a la labor del reparto protagonista.

 

Y luego están los efectos especiales, refrescantes ante el actual panorama de los mismos que saturan los metrajes. Trucos de trucas, efectos de maquillaje y esa búsqueda que se dio en la época de superar el susto grabado en los hipotálamos de Alien El octavo pasajero. La metamorfosis está bien planteada y acompañada de metafísica que tanto se prodiga ahora en personajes de súper héroes. Cine bien hecho que gana con los años, ya con esa pátina del paso del tiempo, de la mejora de los efectos digitales y que sus jóvenes protagonistas no los son tanto. Recomendable si nunca la visteis, un momento para viajar en el tiempo si vivisteis su estreno y en definitiva la magia del cine que logra que durante casi dos horas el mundo deje de girar...

Y Geena Davis está sensual, muy sensual.

viernes, 30 de agosto de 2019

 

COCODRILO DUNDEE II (1988)

(O que segundas partes nunca fueron buenas y que buena estaba la Kozlowsky)
 

Nos hemos ya acostumbrado a las secuelas, precuelas y demás, pero en los 80´s aún triunfaban las segundas partes, cierto que con más o menos fortuna. Se jugaba con las apetencias del espectador de ver más de algo que había sido grato y la producción rentabilizar con beneficios lo que siempre se llamó estirar el chicle. En ocasiones, películas de modesto presupuesto daban la campanada y estaba cantado que habría segunda parte. Es el caso de la película de hoy, una variante de poner a un cateto y paleto en la gran ciudad y pasar unas risas entre confusiones y situaciones cómicas basada en el contraste de la vida en el pueblo u villorrio y la de una gran urbe...

 

Cocodrilo Dundee se estrenó allá por el 86 y en el público hispano tenía terreno abonado para ser rentable en taquilla por cuanto el Paul Hogan era popular ya que había entrado en las vidas del público gracias a la televisión en una de esas series de humor donde el representante hispano era el inefable Emilio Aragón y su Ni en vivo ni en directo. El público joven y adolescente estaba ya entregado de antemano en su estreno para pasar por taquilla pero también los adultos que se rindieron al sentido del humor ellas y a la turbadora belleza despampanante de la Linda Kozlowski, ellos. Por supuesto su salida en formato vídeo contribuyó a popularizar el título y animar a las productoras a realizar la segunda parte.

 

La fórmula de las segundas partes era sencilla: repetir lo que hizo que fuera éxito de taquilla añadiendo pocas, y en ocasiones ninguna, variantes a la trama, al guión e incluso sin alterar la línea de acción. Se pasaba por taquilla porque había que ver las segundas partes pero igual que se corría la voz de que una película era buena o estaba bien, el mismo proceso ocurría a la inversa y por lo general las segundas partes no repetían el éxito de la primera aunque se estirara el chicle hasta una tercera o cuarta entrega incluso. Pero cuando vimos la oportunidad de visionar esta segunda parte, todo el turno de noche estuvimos de acuerdo en aparcar linterna, mocho y caja de herramientas para recordar al Cocodrilo Dundee pero sobre todo volver a ver en plenitud de belleza, sensualidad y rostro de la Linda Kozlowski que forma parte del panteón de las fantasías onanistas de la época junto con la Kelly LeBrock de La mujer de rojo...

 

La trama repite fórmula y si en la primera era el cateto de los territorios australiano el perdido en la gran ciudad, aquí son unos narcos quienes se ven fuera de su ambiente al perseguir a la Kozlowski por unas cuitas de su ex- con los malos. La película es una auténtica castaña por no decir que es una auténtica mierda: historia trillada, sin chispa ni dinamismo con el pecado de estar siempre esperando ese chiste o gag que diga que haya merecido la pena su visionado. El Hogan está hierático y hay que ser australiano de los territorios para pillar la supuesta gracia donde desde el último secundario hasta el protagonista se ve que están haciendo un trabajo siendo además los personajes villanos simples estereotipos de la imagen que se tenía entonces de los narcos colombianos.

 

Terminaron en bodorrio y da la sensación de que el Hogan sólo hizo esta película para acabar de conquistar a la Kozlowski, que se come la cámara y es la única motivación para ver la película en 2019. Porque está buenísima, porque se nota la química entre ambos y porque además está monona porque se ve que está enamorada. Si en la primera nos dejaba ojituertos en la escena en traje de baño, aquí está vestida hasta las orejas y sin embargo su sensualidad logra poner como burro en primavera. Cuando el Hogan le pide que se quite el sostén para dejar una pista falsa a sus perseguidores, igual que si fuera la primera vez se espera ver teta, pero se lo quita debajo de la ropa y sólo logra aumentar el deseo de macho alfa amén de que cuando
le contesta que no le parece el momento de quitarse el sostén, esa mirada de enamorada que resalta el brillo de su belleza, logra que pases de la película para pasar a tertuliar sobre la esencia de mujer y recordar otras actrices míticas por su belleza que acabaron casándose con los actores protagonistas...

¡Pero estaba muy buena la Kozlowski, de toma pan y moja la cama!

martes, 13 de agosto de 2019

 

EJECUTOR (1986)-Raw Deal-
 

Terminar las vacaciones y volver al currelo la noche del lunes en pleno mes de agosto, es una buena motivación para dejar la faena a medias y que pringuen los eventuales que cubren las vacaciones de los privilegiados del turno de día que siempre pillan las mejores fechas para veranear. En resumen, que dejamos aparcados el mocho, la linterna y la caja de herramientas para visionar una pequeña joyita antropológica cinematográfica como es este Ejecutor que tiene ya la friolera de más de tres décadas desde su estreno...
 
La película supuso un punto de inflexión en la carrera del Arnold donde se despojaba de la fortaleza física y cara hierática de sus anteriores trabajos. Sin embargo, mientras el Stallone y el casposo del Chuck Norris rivalizaban en el género de acción, un Schwarzenegger lastrado por su imponente musculatura se iba abriendo paso y subiendo el nivel de sus papeles. Porque el Arnold de Poli de guardería, Los gemelos golpean dos veces y el ya actor de Mentiras arriesgadas, nace posiblemente en este título donde se ríe de si mismo, la fortaleza física es secundaria y la imprescindible sin acaparar las escenas de acción. Por otra parte, sus éxitos de taquilla le daban el padrinazgo de nada menos que la productora De Laurentis, que nunca superó el trauma como productora del fiasco de Dune, bastante sobrevalorada en su tiempo y que aún guarda una pequeña legión de adeptos aunque los más sólo la recordemos como desfasada en efectos especiales antes de su estreno y que aparece una joven y ya sensual Sean Young...

 

Es cierto que vista hoy peca de candorosa y hay multitud de incongruencias como que apunte a un sitio y acierte en otro, o la delirante escena de Arnold ametrallando todo bicho viviente desde el coche. Pero tiene un punto de humor, la chusquedad de este tipo de producciones con pequeños fallos de plano y de montaje pero también de un cine de oficio, con especialistas de conducción, de morirse desde las alturas o ver su rótula rota en la pelea. Pero hay todo un elenco de entrañables secundarios y de primera fila venidos a menos, dentro del mundillo de los secundarios. Citamos a Ed Lauter que repite personaje de inspector de policía que siempre llega tarde, al rebufo del protagonista y que se huele con cinismo de sabueso veterano que hay algo detrás de asesinatos sin conexión aparente. Un guiño también a las películas de justiciero urbano del Charles Bronson donde repite personaje de inspector.
 
Luego tenemos un secundario de lujo, agradable a la retina y a la taquilla que se convirtió en rostro imprescindible para hacer de malo, de malo del villano de turno; el bueno del Robert Davi que vive una rivalidad mortal con el Arnold, tanto por motivos profesionales de matones como de celos por la chica mala. Hay momentos memorables, de pareja de cómicos, entre ambos rivalizando por ser el malote del villano. Villano de la vieja usanza, de familia mafiosa que busca ganar terreno al rival, joder las ganancias al rival y deshacerse del rival evitando siempre el fantasma de una guerra entre bandas. Porque la historia es una historia de venganza y justicia por la muerte del hijo de un colega, con un fiscal corrupto que jodió la carrera del protagonista desterrado a un villorrio como ayudante del sheriff y un matrimonio que hace aguas porque el villorrio no tiene comparación con Nueva York para su esposa. Para ayudar a la venganza deberá fingir su muerte y hacerse pasar por un matón a sueldo en busca de familia mafiosa que le acoja con la única ayuda de...
 
Y entonces aparece ella en el casino, sensual de mujer plena que va dejando atrás la juventud pero aún conserva parte de la belleza juvenil. De mujer de vida canalla, que se acuesta con la mitad de los clientes del casino para sacarles información; que se acostó con el matón del villano pero las promesas de amor eterno se quedaron en placenteras noches de cama pero ya ni eso. De quedarnos un segundo con la boca abierta deseando que se abra más su escote antes de que comenzáramos el lanzamiento de latas de birra, ganchitos y pistachos a la pantalla entre alaridos de excitados machos alfa. Al final dan ganas de hostiar al nenaza sentimental del Schwarzenegger por despreciar los encantos de la Kathryn Harnold con la patética excusa de que está casado hace tiempo, ñoñez de la época del estreno que en la era de los follamigos y follamigas suena a Marcelino pan y vino.
 
Recomendable si queréis pasar unas risas, bucear en la Era y en definitiva cine de oficio con la firme mano del director, John Irvin, y esa cutrez que sólo superaban las producciones de la Cannon con el Chuck Norris pero que De Laurentis lograba producir con un toque de diferencia, un escalón más arriba dentro del bajo escalafón que suplían la ausencia de estrellas consagradas con secundarios de lujo, escenas rodadas por especialistas, director solvente para este tipo de películas y por supuesto el favor de un público que pagaba por ver a su estrella de acción favorita. También un salto de calidad en Schwarzenegger que rodaría posteriormente Predator para quedar consagrado como actor, lejos ya del protagonismo de la masa muscular y cara de cemento donde su mayor expresión facial era que le cayera una gota de sudor. Es además un visionado refrescante entre tanto título plagado de imágenes sintéticas, precuelas de secuelas, revisiones pésimas de otros títulos o zombis y súper héroes...

Cine de verano.

jueves, 20 de junio de 2019

 

INDEPENDENCE DAY: CONTRAATAQUE

 

Está claro que Hollywood no produce como antaño guiones originales y parecen limitarse las productoras a jugar a tiro fijo de ingresos tirando de secuelas, precuelas, nuevas versiones pero sin diferentes visiones que acaban siendo auténticas castañas y además con una dependencia absoluta de los efectos digitales y logrando que gran parte del metraje sean imágenes sintéticas de acciones imposibles. Es cierto que presta ver alguna, pero cuando todas son iguales, pues cansa. El título de hoy es una de esas películas que hacen veraz el dicho de que segundas partes nunca fueron buenas en el cine. Y sí, a todos y todas nos vienen a la memoria segundas partes dignas y alguna memorable, pero porque o bien la acción transcurre largo tiempo después o es la misma historia pero diferente época como es El Padrino II o la siempre infravalorada de Predator II...

 

Ya la primera era una auténtica castaña del subgénero de catástrofes en la variante, novedosa de aquella, de extraterrestres catastróficos; pues esta secuela es una castaña aún mayor pese a la vitola de producción correcta y hasta salpicada de humor. La única risa que provoca este bodrio cinematográfico es ver cómo ha pasado el tiempo por los protagonistas de la primera lo cual explota el guión pero es una característica patética que al final la película se vea pasados quince minutos porque sientes el morbo de ver el paso del tiempo. El único que se salva es el Jeff Goldblum, pero es de esos actores que tienen la complicidad del patio de butacas y sabes por su mirada y sus gestos que está haciendo lo que llaman un trabajo por dinero y advirtiendo que no nos tomemos nada en serio...
 
Y no se puede tomar en serio algo que no lo es. ¿Recordáis que a finales de los 80´s se puso de moda en películas futuristas de un futuro inmediato, en el que ya estamos, donde un símbolo de futuro era que las armas llevaban aparatosas prótesis en forma de miras y punteros láser? Pues aquí ponen a todo una célula de tecnología alien con un característico punto verde fosforito: coches, armas, naves espaciales, aviones en el espacio y es de suponer que hasta en las freidoras y secadoras por no hablar de sartenes y robots de cocina sin olvidar los robots de limpieza. Las incongruencias son constantes y tratan de camuflarse en ese hipotético humor que destila el guión, pero sólo se puede destacar que hay un plano rodado en escenario, suponemos que homenaje a algún título de los 50´s, o capricho...
 
Auténtica mierda de película donde ser secuela se queda en truco para ocultar una ensalada de imágenes sintéticas que están genial para un vídeojuego pero cantan como parte del conjunto de una película. Incongruencias a lo largo y ancho del metraje que sigue el esquema de toda película de catástrofes como son amenaza-desastre a la civilización-lucha por la supervivencia. Una película que hay que ver para no parecer un friki pero que sólo se vuelve a ver si pagan por verla y además pagan bien con incentivos por objetivos como verla sin bostezar, sin empezar a charlar o simplemente acabar de verla sin vomitar...
Lo dicho, para ver si os pagan por ello y siempre que paguen bien.

sábado, 8 de junio de 2019

 

ANT-MAN (2015)

 

Hacía muchas lunas que el equipo de cata cinematográfica buscaba un título del subgénero de súper héroes que echarnos a las retinas. Lo cierto es que, en los últimos tiempos, han proliferado los títulos donde los clásicos cómics de viñetas en papel se llevan a la pantalla, hay que resaltar sin duda a la MARVEL que ha imprimido un sello de calidad y continuidad donde las sagas clásicas se complementan con títulos específicos de un personaje determinado a la vez que crean un universo que logra engarzar a las generaciones digitales con las analógicas que siguieron las aventuras y peripecias en formato de papel...

 

Pero ningún título desde Iron Man nos había llamado especialmente la atención, pese a que son producciones impecables y cuajadas de actores y actrices de primera fila y sin caer en productos de serie B. Sin embargo, el tema de personajes que disminuyen de tamaño y mostrar el mundo cotidiano desde la perspectiva del tamaño de una hormiga siempre ha fascinado al público y ser rentables en taquilla desde El increíble hombre menguante; tal vez porque es una fascinación semejante a ver el mundo que conocemos destruido por cataclismos o guerras nucleares. En ambos casos se dan títulos cada década que sirven además, con el paso del tiempo, para ver la evolución de los efectos especiales. Hay que citar la saga de Cariño, he encogido a los niños como ejemplo de lo dicho anteriormente. El caso es que nos llamó la atención el título que tratamos hoy y hay que citar el gancho de un Michael Douglas entrado en la vejez pero con el encanto de su mirada sin que el tamiz de los años produzca una sensación de decrepitud, todo lo contrario por cuanto sabe interpretar personajes de su edad sin que ésta le lastre la interpretación...
 
Dentro de mundo de los súper héroes hay clases y clases amén de auténticos fiascos que no acaban de cuajar, citemos a Linterna Verde y la que posiblemente sea la peor adaptación de un cómic en formato de papel a formato cinematográfico: Phantom, El hombre enmascarado en su título en español, que en el título de hoy se ha optado por dejarlo en el original, tal vez porque El hombre Hormiga o Súper Hormiga suene más a cachondeo de velada tabernaria que a título comercial. El caso es que es un personaje de segunda dentro del universo de los súper héroes y era un acicate más para aparcar mochos, linterna y caja de herramientas para su visionado, sin tenerlas todas con nosotros pero dispuestos a dar el beneficio de la duda, aunque se acordó que si aparecía niño o perro pasaríamos olímpicamente de verla...
 
Y nos llevamos una muy grata y más inesperada sorpresa ante una buena adaptación de un cómic donde los defectos quedan eclipsados por sus virtudes para pasar un par de horas entretenidos y disfrutando viendo cine. El argumento y desarrollo es típico de este tipo de producciones cuando se aborda el origen de un súper héroe: cómo surge el descubrimiento de tener súper poderes, ya sea por picadura o prótesis tecnológica, un profesor Bacterio que ha hecho un descubrimiento que su pupilo se ha apropiado para sus maléficos fines para finalmente, tras un breve periodo de aprendizaje, reaparecer con control total de sus poderes y utilizarlos para nobles y loables fines en defensa de la democracia y el Sistema. No falta en este caso la hija del profesor Bacterio que arrastra la pérdida de su madre en misteriosas circunstancias...

 

Un aplaudible Paul Rudd interpreta a un mierdas cuya vida es una mierda y que como ladrón es inteligente pero sus robos una mierda que acaban con sus huesos en una cárcel de mierda. Además, su vida es una mierda con un matrimonio que se ha ido a la mierda, la hija con la madre y ésta se va a casar con un policía de mierda. Pero encuentra su redención cuando una vieja eminencia en física aplicada a la reducción de tamaño, miniaturización de las cosas, busca un pardillo que se ponga el traje de su invención y se convierta en líder de una horda de hormigas que logre desbaratar los planes de su antiguo aprendiz y pupilo que busca vender el invento a gente mala que gobierna en malos sistemas y buscan hacer el mal...

 

Evangeline Lilly interpreta a la hija del profesor Bacterio a base de movimientos de nuca a juego con el corte de su pelo y a base de hacer mohines y muecas. Una hija que sospecha que la muerte de su madre no es como le han contado siempre y que no comprende porqué su padre no la deja ser el conejillo de indias para meterse en el traje y derrotar al villano. El tema del mundo a tamaño de hormiga está bien aunque les falte vitalidad a los insectos, cosa que sigue igual desde que los insectos de pega sustituyeron a los insectos reales en los efectos especiales con trucas cinematográficas, pero nos fascina igual que ver Chernóbil y la ciudad de Pripyat…

 

Pero es un producto que pese al lastre de seguir la línea temporal clásica, logra ser independiente de la saga conjunta a la vez que se integra en el universo de MARVEL. Nos ha gustado porque es entretenida, las interpretaciones están al nivel que se espera y los efectos digitales se aceptan sin reticencias pese a que canten algunos planos. Recomendable si os gustan los súper héroes con las dosis adecuadas de humor, tragedia metafísica, drama personal, villano muy villano con redención final del protagonista para su hija...

Grata de ver y deja buen sabor de boca, aunque sin ganas de pedir más.

sábado, 4 de mayo de 2019

 

DOS BUENOS TIPOS (2016)

 

Otra de esas películas que a priori son una buena escusa para dejar aparcados los utensilios de trabajo y disponerse a disfrutar de una amena velada cinematográfica: buen reparto, dirección solvente según currículum, ambientación en los confortables y familiares, ya, 70´s y una trama que aunque algo trillada siempre queda bien. Así que no lo pensamos mucho y nos dispusimos a su visionado en lo que era en principio género de comedia con tintes de acción y unas pizcas de suspense...

 

Del reparto hay poco que reprochar porque tanto Russel Crowe como Ryan Gosling son actores conquistadores de la retina del público y estrellas rutilantes de Hollywood aunque quien se lleva el plano y enamora a la cámara es lo que promete ser una mujer camino de actriz estrella, la joven actriz canadiense Angourie Rice que es quien al final lleva el peso de la atracción para ver la película hasta el final porque la trama es demasiado previsible y el oficio y profesionalidad del trabajo hace que se respete pero es una película que ni enamora ni acaba de agradar, precisamente porque no cumple las expectativas que se le presuponían de inicio. Queda en un producto blanco, con dosis de violencia permitidas pero mucho tiro y poca sangre, como un episodio televisivo del Equipo A donde nunca muere nadie...

 

La base es confrontar dos caracteres opuestos, un Russel Crowe en otro de sus papeles casi característicos cuando aborda el género de acción tirando a negro, reparte hostias mercenario que en esta ocasión se dedica a realizar trabajos de disuasión a base de romper tabiques nasales a viciosos pervertidos camuflados en la sociedad pero que en realidad sufre por no ser detective, de pocas aptitudes intelectuales comparado con los detectives de verdad, un matón a sueldo que indaga más allá del trabajo para el que le contratan. Está algo fondón y lo cierto es que en realidad nos jode verle como pasa el tiempo, pero sigue siendo creíble porque queremos ver a Russel Crowe aunque sus películas decepcionen, no por su interpretación que es siempre la misma como buena estrella cinematográfica. En esta ocasión está bien, cumple su trabajo y es en realidad el producto final el que no está a la altura...

 

Ryan Gosling nos conquistó en Driver y a estas alturas de su carrera ocurre lo mismo que con el Crowe, nada que reprochar a su trabajo pero lastrado por el resultado final. La diferencia con su compañero de reparto es que resulta más teatral en sus trabajos en el sentido de que dota de profundidad a su trabajo con su interpretación. Su personaje es lo que ansía Russel Crowe en su personaje, es detective con una vida laboral de sueño, resolviendo casos de viejas chochas que ven difuntos vivos y cosas así. Pero es una piltrafa como profesional del fisgoneo, un detective sin olfato; otra de esas gracietas del guión que interpretan bien pero es sal gorda, huyendo del fino humor cínico de la novela negra. Pero un papel en apariencia de actor de ópera bufa que el bueno del Gosling dota de humanidad, un coloquetas del alcohol que se tropieza con las pistas. Un padre cómplice con su hija que le tolera sus sueños de prosperidad, un personaje humano porque sufre las mismas miserias que el común del público...

 

El susto no los dio la Kim Bassinger cuando aparece en mitad del metraje con un rostro operado para vencer el paso del tiempo que daba grima. Fue una agridulce sensación ver a una pareja mítica desde L. A. Confidencial, cebón y pasado de lorzas él, pero cuyo deterioro parece natural, casi forzado para dar enjundia física a su personaje. Pero el rostro de Kim Bassinger es otro rostro de actriz convertido en caricatura grotesca de la belleza que era en su juventud y años más mozos. Lo cierto es que es la gran decepción final que hace que se soporte el visionado porque es soportable y porque es un producto correcto pero la suma de sus fallas acaba obnubilando la satisfacción final. Aparece el entrañable, desde Platoon, del Keith David ya especializado en personajes semi bufos pero confortable y familiar a la retina aunque sea eternamente el veterano de Vietnam que regresa a tiempo de evitar la matanza final...

 

En resumen, producto de factura impecable pero que no cumple las expectativas por un conjunto de fallos de guión que hacen a los personajes ya vistos, la trama ya vista y el final se sabe desde que aparece Keith David. Porque seguimos la máxima de que películas con niño o con perro, mejor cuando la pasen por la tele, y si bien a veces parece que estamos ante una posible joyita, hasta mitad de metraje, al final estamos profundamente decepcionados porque tanto elenco como equipo técnico están bien pero el resultado final es muy, muy decepcionante por derroteros de cine para todos los públicos, comedia que resulta en disparate y personajes trillados pasados por el tamiz de estrellas rentables...

No enamora pero hay que verla.