lunes, 1 de junio de 2020

 

REFLEXIONES EN VOZ ALTA de Skizo´s Blues

 

Estaba tranquilamente ojeando la prensa cuando leo que han colisionado un patinete y una bicicleta con el agravante de que ambos `pilotos´ dieron con abundancia el positivo en alcoholemia...
Al final resulta que los nuevos santones de la vida urbana saludable que se alimentan de alimentos que no provocan aerofagia y sus nocivos gases en las reses sustituyendo la carne por cosas que no lo son pero saben a carne, también le pegan a la botella y suben a sus vehículos no contaminantes poniendo en peligro, no ya su propia integridad, sino la de los vulgares peatones, nuevos parias de la circulación que entre terrazas ampliadas quitando acera y los carriles-bici nos vemos marginados a seres esquivos de toda cosa que se mueva...
Me pregunto qué pasará cuando los coches de conducción autónoma sean realidad cotidiana y su dueño suba con una cogorza al vehículo, ponga el modo conducción automática y, por razones desconocidas hasta que se resuelva la investigación, se escoñe contra otro vehículo, contra un ser humano u bien contra un vehículo no contaminante. Conociendo al paisanaje pasará lo mismo que cuando vas conduciendo y te dan por atrás al ralentí en un semáforo, que te joden las cervicales y que indemnice el seguro...
A este ritmo de evolución de los vehículos no contaminantes para carril-bici se hará, tarde o temprano, necesaria la creación de una policía de carril-bici que vele por el tráfico. Puede parecer una medida drástica o patética ocurrencia según se mire y no lo voy a negar, pero cuando el tráfico se recupere en su cantidad normal y cotidiana cuando termine la pandemia, está claro que o quitan carriles para unos y ponen para otros o seremos los sufridos peatones quienes suframos más reducción de espacio peatonal...
Miro el tráfico desde el acantilado, fluido pero de mayor volumen que semanas atrás, un latido de la ciudad que va recuperando su ritmo cardíaco aunque contamine sus pulmones...
Lo echaba de menos.

lunes, 25 de mayo de 2020

 

REFLEXIONES EN VOZ ALTA de Skizo´s Blues

 

Lo bueno de no poder ir nunca de vacaciones, más allá del acantilado, es que cuando no se puede ir de vacaciones no me disgusta y cuando permiten de nuevo ir de vacaciones no me importa...
Los arenales serán la prueba definitiva de nuestro talante solidario y responsabilidad individual y colectiva. No me imagino a la gente esperando delante de un semáforo a que se ponga en verde como han hecho en alguna catedral, claro que no poder practicar levantamiento de vaso en barra fija y tener que hacerlo sentado a una mesa tampoco me convence...
Por una parte se pierde la posibilidad de catar escote de la camarera cuando se inclina para fregar vasos y tazas, si bien es cierto que había auténticos codazos y mordiscos entre los parroquianos por coger el taburete de vistas panorámicas...
Pero un cafelito en la mesa no es lo mismo que en la barra. La mesa es más de café con bollería, pero no es sólo el jodido café, aunque sea jodido pillar el taburete de las vistas panorámicas, es sentarse a la barra, echar un vistazo al mostrador, la lotería o la tele en una esquina...
La nueva normalidad nos convierte en orugas que vamos mudando hasta ser crisálidas en lugar de mariposas porque nos hemos convertido en una sociedad de insectos. Cual hormiguero, caminamos evitando al contrario como si siguiéramos un rastro químico, sin conversaciones ni abrazos, vamos allí, aquí, acullá, siempre evitando coger papeletas para el sorteo del viaje al más allá...
Pega el sol en el acantilado, una gaviota toca los cojones por no variar y el murmullo del tráfico, aunque atenuado, ya se nota en fase dos...
¿Sabría el poeta a dónde van las fases como sabe a dónde van las lágrimas?

lunes, 18 de mayo de 2020

 

REFLEXIONES EN VOZ ALTA de Skizo´s Blues

 

Somos seres de contradicciones, capaces de manifestar el amor universal mientras bombardeamos a quienes no amamos justificando en que no nos aman. Ahora con la nueva normalidad parece que volvemos a las contradicciones, queremos que los niveles de polución se mantengan siempre así, prohibiremos el tráfico en los cascos urbanos para poner viales de vehículos no contaminantes pero sin preguntarnos de dónde saldrán los dineros para mantener la infraestructura vial urbana toda vez que las vacinillas a pedales no pagan impuestos. Queremos reactivar la economía sin preguntarnos si merece la pena la apuesta o esperar un nuevo reparto de cartas, convencidos de que lo peor ya pasó y podemos ya caminar sin marcar el paso...
El sueño de bajos niveles de contaminación durará lo que dure la pandemia aunque sea hermosa la ciudad sin su boina de contaminación y desde el acantilado luce hermosa bajo los rayos del sol. El sueño de avenidas urbanas convertidas en vergel libre de contaminación del tráfico durará lo que dure la nueva normalidad y se vuelva a la rutina consumista, la comodidad de ir en coche particular...
Lo bueno que tiene la esperanza en estos casos es que cuando todo esto termine habremos cambiado sutilmente y podrán ponerse unos ladrillos a la realidad para que sea de ensueño. Si no somos capaces de llevar una mascarilla cómo pensamos que seremos capaces de renunciar a nuestras comodidades cuando el virus sea historia...
El mundo cambiará como ha hecho ya dos veces en este jovenzuelo siglo en 2001 y en 2008, cambios rápidos y sutiles, recordemos cómo era viajar en avión hasta el 11-S, recordemos la alegría inducida por el consumismo a pagos aplazados y recordaremos la alegría de recuperarnos de una crisis hasta que nos llegó ésta de ahora, distinta y extraña donde no apreciamos las ventajas de no ser una guerra entre humanos, pero mientras rendimos homenajes al gremio médico y los demás gremios que nos hicieron pasar un cómodo confinamiento domiciliario también les relegamos al olvido cuando nos lanzamos en la nueva normalidad a mezclarnos unos con otros sin respetar las normas de distancia social...
Puede que estemos en la nueva normalidad pero seguimos tan anormales como en la vieja.

lunes, 11 de mayo de 2020

 

REFLEXIONES EN VOZ ALTA de Skizo´s Blues

 

En estos días extraños que nos toca vivir, una de las cosas que más extrañé y en falta era no poder ir a la biblioteca...
Además del placer de encontrar un libro, un título y un autor sin esperar encontrarme y que me encuentro para que me acompañe el tiempo que dure su lectura, disfruto paseando entre las estanterías, mirando en tal o cual sección, aunque ya tenga más o menos decidido qué libro llevarme, paseo entre libros, autores y títulos. Me reconforta ver la biblioteca aunque no sea usuario salvo para tomar y devolver libros en préstamo...
Pero en estos días extraños de extraños permisos para extrañas salidas de extrañas sensaciones, no podré ir a la biblioteca a disfrutar de momentos de abstracción ni elegir un libro, un titulo, un autor porque será un funcionario quien lo saque de su estante y me lo entregue previa solicitud mía del título y autor del libro...
Es necesario y parte del esfuerzo común de la masa silenciosa, un trastorno más que se ignora cuando pienso en la cifra de muertes por el coronavirus. Pero no puedo evitar visualizar los libros, títulos y autores guardando su propia cuarentena de catorce días antes de poder ser tomados en préstamo, no sienten ni padecen aunque su lectura nos haga sentir y padecer, reír y llorar, extasiarnos o simplemente evadirnos de la realidad...
Algún día se escribirá sobre estos días extraños de extrañas noches y seremos parte de la historia, novela o ensayo que se publique; más tarde cuando sólo seamos polvo de estrellas, seremos parte de una biblioteca donde algún usuario del futuro se encuentre con un libro, un título y un autor que le acompañará el tiempo que dure su lectura y volveremos a la vida por fugaces instantes en párrafos...
En esta guerra tenemos la suerte de que los libros no son pasto de las llamas y de la destrucción, seguirán ahí cuando un día acabe esta guerra aunque muchos lectores y lectoras yacen muertos y son cifras de la mortalidad de una pandemia mundial, números de una macabra estadística...
Por fortuna me quedan mis libros, pocos, alguno escogido, otros rescatados del naufragio, unos cuantos adquiridos a lo largo de los años pero debo despedirme de un ejemplar que tenía en préstamo antes del confinamiento domiciliario y que ahora debo devolver. Será un viaje extraño a la biblioteca y espero que no haya cola. Esperaré unos días para evitar la inherente aglomeración cada vez que nos sueltan un poco más la correa del confinamiento, que levantan un centímetro las restricciones...
Miro mis libros, que parecen mirar al libro que tengo en préstamo, que parecen despedirse de extraña manera en estos días extraños, igual que le mira el viejo armario, privado de su muleta, para volver a la cojera de antaño...
Y es que, donde esté un buen libro, que se quite la cuña.